Los peligros bajo la ceguera belicista de #Occidente

#Rusia #Ucrania #ConflictoMilitar #CentralNuclear #Zaporozhye

Los expertos consideran que, si un solo reactor de la planta filtrase un 25 % de material radioactivo, los efectos llegarían a Dinamarca, Suecia y Noruega

Para el doctor en Ciencias Filosóficas Mario Antonio Padilla Torres, investigador del Centro de Investigaciones de Política Internacional y estudioso de los temas de Europa del Este y de las antiguas repúblicas de la URSS, el bombardeo a las áreas aledañas a la planta nuclear de Zaporozhye, en Ucrania, tiene una razón estratégica para las potencias occidentales.

La agencia Russia Today divulgó que, producto de los constantes bombardeos y, para evitar un accidente, se desconectó la sexta unidad de esa planta, situada a orillas del río Dniéper, a unos 550 kilómetros al sudeste de Kiev, lo cual afecta a la población beneficiada con esa energía.

La instalación fue construida en los años 80 del siglo pasado y, según los especialistas, puede producir hasta  6 000 megawatts, lo que la convierte en la mayor central nuclear de Europa y la tercera del mundo.

«Sobre el tema, los países occidentales se manifiestan con doble rasero. Por una parte, Europa está preocupada por los posibles impactos apocalípticos que puedan tener sus Estados ante una explosión de la central nuclear, y, por otra parte, abogan por sanciones hacia Rusia, tomando al Gobierno ucraniano como escudo, en tanto le siguen suministrando armamento de alto poderío y precisión», sostiene el investigador.

Destaca que Estados Unidos y Reino Unido mantienen su condición de que, si Rusia atenta contra cualquier país perteneciente a la OTAN, entonces se aplicaría el Artículo 5 del bloque militar, que consagra el principio de defensa colectiva; lo que significa que un ataque a un miembro se considera un ataque a todos los miembros.

Sobre las posibles consecuencias de una explosión en Zaporozhye, existen tres escenarios: uno sería la gran catástrofe nuclear con todas sus implicaciones para el país y territorios aledaños; «el segundo, desviar el poder a la península de Crimea, es decir, a la zona controlada por Rusia; y el tercero, mantener a raya a Ucrania, ya que la central suministra cerca del 20 % de las necesidades energéticas de la nación», precisó el investigador.

Añade que, si una bomba cayera de alguna manera en el revestimiento del núcleo, el reactor podría resultar dañado.

Ante la posible amenaza de una avería por bombardeos, tanto el Ministerio de Defensa de Rusia como el Instituto Hidrometeorológico ucraniano han elaborado mapas que muestran qué países podrían verse afectados si finalmente la central explota.

El mapa ruso señala a Polonia, Alemania y Eslovaquia como los principales países golpeados por la radiación. Se suman Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Lituania, Letonia, Estonia, Polonia, Rumanía, Serbia, Hungría y la República Checa.

Los expertos consideran que, si un solo reactor de la planta filtrase un 25 % de material radioactivo, los efectos llegarían a Dinamarca, Suecia y Noruega.

«La diplomacia debe tomar el mando. Son impredecibles los resultados. No es alarmismo, solo hay que llamar a la cordura», sentenció el investigador.

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