Realizarán en #México marcha por #DíadelaRebeldíaNacional de #Cuba

#26deJulio #RevolucionCubana

Mañana tendrá lugar en Ciudad de México una marcha por el aniversario 69 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes encabezado por Fidel Castro que dio inicio a la Revolución Cubana.
 
La manifestación, que saldrá desde el hemiciclo a Benito Juárez en la Alameda Central en el centro histórico, hasta frente a la embajada de Estados Unidos en Paseo de la Reforma, es convocada y organizada por el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y el apoyo de numerosas organizaciones amigas.

En la convocatoria se recuerda que el 26 de julio de 1953 la historia de Nuestra América cambió para siempre.

Con el asalto a los dos cuarteles, Cuba dio comienzo a la lucha por su definitiva independencia, concretada en enero de 1959 y desde entonces, pese a todas las adversidades, ha logrado concebir un proyecto avanzado de justicia social.

Cuba y su Revolución, expresa, han demostrado en este tiempo los logros de su proyecto social, evidenciados en estos tiempos de emergencia sanitaria: centenares de médicos cubanos, integrantes de la Brigada Henry Reeve, asistieron a diferentes naciones a superar los estragos de la Covid-19.

Añade que las vacunas Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus, han sido sobresalientes en sus resultados de alta efectividad contra la enfermedad. Cuba ha sido el único país que cuenta con toda su población infantil inmunizada.

Un contingente de médicos está por arribar a México, como antes en 2007, 2017 y 2020, para que muchos pueblos olvidados puedan ejercer su derecho a la salud digna. Por esto y más es que Cuba sigue forjando un faro de esperanza que ilumina a la humanidad, señala la convocatoria.

Denuncia que, en medio de esta situación, Cuba enfrenta el genocida bloqueo económico impuesto por Estados Unidos por más de 60 años, reforzado desde la administración de Donald Trump, y principal obstáculo para su desarrollo y criminal arma que busca rendir por hambre y carencias al pueblo de la isla.

Aunado a esto, se incrementan los ataques de la contrarrevolución buscando por todos los medios la desestabilización y provocar un estallido social, denuncia el movimiento.

En México, recuerda, el 26 de julio ha sido la fecha clave en el calendario de la izquierda nacional para mostrar la solidaridad y unidad en torno a la causa de Cuba y su Revolución.

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Este 2022, el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, convoca a las organizaciones políticas, movimientos sociales, sindicatos, partidos políticos, activistas y a todas las mujeres y hombres dignos que realizan acciones de solidaridad con la isla.

Por otra parte, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Complejo Cultural Los Pinos, anunció para mañana un concierto del cantautor cubano Amaury Pérez el cual se realizará a las 16:00 horas locales en el Helipuerto de esa antigua residencia presidencial en el Bosque de Chapultepec.

#AntonioMaceo y #CheGuevara, más presente que historia

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La Habana, 14 jun (Prensa Latina) Los cubanos recuerdan hoy los aniversarios de los natalicios de Antonio Maceo (Santiago de Cuba, 1845) y de Ernesto Che Guevara (Rosario, Argentina, 1928) figuras que jugaron papeles decisivos en momentos de la historia de la isla.

El primero fue uno de los patriotas más venerados de las gestas independentistas del siglo XIX junto a José Martí y Máximo Gómez, mientras que el Che, como quedó identificado sencillamente en el argot popular, resultó uno de los líderes claves de la Revolución encabezada por Fidel Castro, al punto de llegar a ser considerado un cubano más.

Más allá de hazañas militares que atesora la historia, el pensamiento político de ambos mantiene plena vigencia en la Cuba actual e incluso trasciende los límites de la isla.

No por gusto Martí, ideólogo de la gesta libertaria de 1895 al referirse a quien también es conocido como el Titán de Bronce, aseguró que “hay que poner asunto a lo que dice, porque Maceo tiene tanta fuerza en la mente como en el brazo”.

Como muestra de esa valía vale solo tener presente que ante la debacle que representó para la Cuba insurrecta la claudicación del Pacto del Zanjón, Maceo protagonizó la Protesta de Baraguá, que ratificó la intención de continuar la lucha y el rechazo a una paz sin independencia.

Y al igual que Martí, supo medir el peligro que para Cuba representaban Estados Unidos, la potencia imperial emergente que ya ponía en práctica la Doctrina Monroe y la política de la fruta madura.

Sobre ello aseguraba en 1896: “De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado, (…) Tampoco espero nada de lo americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

Del Che, más cercano en el tiempo, no solo queda la impronta de un guerrero que buscó esparcir la lucha revolucionaria y crear “dos, tres, muchos Vietnam”, y el ejemplo de un hombre que fue fiel a sus actos hasta las últimas consecuencias, sino un profundo legado político e ideológico con plena vigencia en la Cuba de hoy.

Vale la pena releer con detenimiento un texto antológico como “El socialismo y el hombre en Cuba”, carta enviada en marzo de 1965 a Carlos Quijano, entonces director del semanario uruguayo Marcha.

En ella el Ché reflexionó sobre lo insólito de hacer una revolución a 90 millas de Estados Unidos, sobre los desafíos de edificar una sociedad socialista en Cuba, las vías para superar el capitalismo no solo con un cambio de sistema, sino, sobre todo, con una profunda transformación ideológica para crear ese hombre “hombre nuevo”, aún en ciernes.

En ese sentido, insiste en el papel de la juventud como “arcilla fundamental” de ese nuevo mundo y la importancia de la educación no solo como fuente de conocimientos, sino como gestora de sentimientos y comportamientos que conduzcan a una nueva mentalidad más centrada en la convivencia colectiva que en el enriquecimiento personal como base de cualquier éxito.

No dejó tampoco fuera de sus reflexiones en ese texto, el lugar de los dirigentes y del líder en su condición de vanguardia y su interconexión imprescindible con el pueblo; el papel de la cultura y el arte, e incluso de los medios informativos.

Y aunque desde entonces ha transcurrido más de medio siglo y el mundo ha cambiado vertiginosamente, en muchos aspectos el pensamiento del Che resumido en El socialismo y el hombre en Cuba parece tener más vigencia hoy que entonces, como premonición de un mundo mejor que todavía puede ser posible.

Vale entonces, en días de aniversarios como hoy, rebuscar en la vigencia de ambos héroes en este presente cargado de retos, más allá de apologías y ofrendas en pedestales.

Dos gigantes que la #Historia de #Cuba hermanó

Dos gigantes que la historia ha hermanado más allá de una fecha y un ideal común. Dos hombres que, en épocas diferentes, dignificaron por igual nuestro pasado patrio para alumbrarnos el presente y el futuro. Dos héroes que son «hijos» de junio, y de la Revolución

Foto: Fotocomposición Carlos M. Perdomo

Poco cuentan las distancias –en tiempo y kilómetros– si dos nombres han de eternizarse en la memoria de un país, fundidos como un mismo referente de integridad y arrojo. Dos gigantes que la historia ha hermanado más allá de una fecha y un ideal común. Dos hombres que, en épocas diferentes, dignificaron por igual nuestro pasado patrio para alumbrarnos el presente y el futuro. Dos héroes que son «hijos» de junio, y de la Revolución. 

En Santiago de Cuba nació el primero. Era 1845 cuando la familia de los Maceo bautizó con el nombre de Antonio al niño que se convertiría en un descomunal jefe mambí.

El segundo llegó al mundo exactamente 83 años después de aquel alumbramiento insigne. Le llamaron Ernesto, aunque su memorable vida le ganaría otro calificativo internacional, pues ese pequeño, nacido en 1928, desde muy joven partiría de su natal Rosario, en Argentina, para ir a curarle las «heridas» a la América ultrajada.

Ambos se elevaron al universo del sacrificio más hermoso –que es defender con su propia sangre la verdad de los humildes–, y desde allí sus extraordinarias existencias se siguen entrelazando como si fueran solo una. Es algo asombroso y casi mítico. Las virtudes de uno parecen renacer en el actuar del otro; y así, juntos, vuelven a crecerse en sus dimensiones humanas, si es que eso es posible.

Porque si el Titán de Bronce era firme en su pensamiento y su valor temerario, el Guerrillero Heroico era un soldado integral con la disposición siempre lista para asumir la misión más peligrosa.

Porque si el Mayor General tenía la palabra sedosa y el brazo como el acero, el Comandante Guevara era también de hablar pausado y de acción insuperable. No hubo nunca, para uno ni para el otro, vida fácil, espacio para el regocijo pueril o senderos sin escollos. 

Más de 600 acciones combativas y un cuerpo marcado por 26 cicatrices de guerra encumbraron la trayectoria del hijo de Mariana Grajales; mientras que el varón Guevara hizo muy suyas las epopeyas del yate Granma, de la Sierra Maestra y de la Revolución Cubana, antes de irse a luchar por la libertad del Congo y de Bolivia.

Los dos amaban la literatura como a la Patria misma. Los dos eran antimperialistas. Los dos protagonizaron invasiones de Oriente a Occidente, y los dos sembraron huellas de respeto y cariño. 

Por ello San Pedro no fue el final para Maceo, como no lo fue La Higuera para el Che. A aquel que alzó su voz enérgica en Baraguá con un «no, no nos entendemos» ante un enemigo que nos quiso mellar el decoro; y a aquel otro que frente a su ejecutor ordenó: «dispare, que aquí hay un hombre», Cuba los contempla orgullosa.

Hoy, a 177 años del natalicio del Titán de Bronce, y a 94 del Guerrillero Heroico, una frase de Fidel nos recuerda que, a pesar de la necesaria evocación, siguen siendo muchas las certezas que los unen siempre; porque «si uno afirmó que quien intentara apropiarse de Cuba recogería el polvo de su suelo anegado en sangre si no perecía en la lucha, el otro anegó con su sangre el suelo de Bolivia tratando de impedir que el imperio se apoderara de América».

Los últimos días del Delegado (+ Video)

El 25 de marzo de 1895, en la carta de despedida a su madre, deja la más dramática de todas sus preguntas: ¿Por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Anda revuelto el corazón del Delegado

Obra de Lesbia Vent Dumois
Foto: Obra de Lesbia Vent Dumois.

Fueron duros los últimos días del Delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí. Se había echado un pueblo a sus espaldas. Ya le han llamado Apóstol y sabe que se acerca la hora del martirio final. Pero antes, tiene que dar pecho a golpes descomunales para su cuerpo físico y su agitada mente.

La expedición armada, preparada con tanta discreción y desvelo, es abortada, por la malquerencia de López de Queralta y fuerzas hostiles a la Revolución. Se levanta de toda lágrima o lamentos y plantea la disposición de convocar al alzamiento, aunque tengan que desembarcar en Cuba en una tabla o un leviatán.

Ya en República Dominicana, Máximo Gómez le hace saber que el Delegado no iría a la manigua, porque es más  útil en Estados Unidos; por su cabeza pasa la imagen de una vieja discusión con Collazo, quien le había dicho que no tendría valor para estar en la manigua. Nadie duda ya de su valor, pero un juicio terrible caería sobre él si no participa directamente en la contienda.

Una noticia falsa publicada en los primeros días de marzo, anuncia que «Gómez y Martí ya están en Cuba»; tal hecho sirve de argumento para convencer a Gómez y a otros: El Delegado tiene que ir a Cuba.

El 25 de marzo de 1895, en la carta de despedida a su madre, deja la más dramática de todas sus preguntas: ¿Por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Anda revuelto el corazón del Delegado.

Es azarosa la travesía final;  Bastián, el capitán de la goleta Brother, se niega a seguir viaje; solo el negro cocinero, David, el de las Islas Turcas, mantiene la disposición de acompañarlos, y quedan abandonados en la Gran Inagua. El cónsul haitiano, Barbes, les extiende la mano, cuando aparece el carguero alemán Nostrand, al mando de su capitán masón, Julius Lowe.

El carguero, después de evadir la persecución inglesa, logra acercarse a las costas cubanas; luego al bote, y a remar. Llueve y la luna roja cae sobre la noche incierta.  

Es el 11 de abril de 1895, y el Delegado escribiría la frase que inunda su felicidad. «Salto. Dicha grande». Sube montes y no se cansa. Lleva gran carga sobre los hombros, pero el cuerpo espiritual vuela por encima de toda maldad o peligro. El 15 de abril, Gómez, junto a otros oficiales, le otorga el grado de Mayor General. Tres días después escribe una página terriblemente hermosa que resume un desvelo: «la noche bella no me deja dormir». Es que cerca de la hamaca duerme el último sueño de sus versos sencillos: «Verso, o nos condenan juntos / o nos salvamos los dos».

Entonces es la hora del encuentro de La Mejorana. Más allá de todas las lecturas e interpretaciones, Martí sale angustiado de aquella reunión; en las páginas del diario del 9 y 14 de mayo se nota ese raro malestar. Aunque no deja de entrar en la historia y el monte, la naturaleza se desplaza ligeramente de la fiesta que siente en los días de abril.  Llueve mucho en mayo. El 17 escribe la última página en su diario, dice que Valentín le trae «un jarro hervido en dulce con hojas de higo». El 18 escribe la carta memorable a  Manuel Mercado. Una pequeña  nota dirige a Gómez el propio 19 de mayo, a las  nueve de la mañana. La escena lista para arder entre un dagame y un fustete.

Al llegar a ese punto sentimos necesidad de detener el día, suspender la historia para avisarle de la muerte, pero, el Delegado que no llegaría a ser Presidente, sabe, hace muchos años, que carga una cruz. Tres disparos lo dejan al fin volar por encima de su tiempo para instalarse en ese cuarto de luz, donde no se muere el fuego de amar la libertad.

Cuando el #Apóstol creció, inmortal (+ Video)

#Martivive

Dos Ríos nos recuerda que allí habita, en realidad, la sobrevida de un hombre más inmenso que su tiempo. Un Martí que en el presente de su pueblo aún cabalga al frente de cada combate actual

Obra de Fabelo
Foto: Roberto Fabelo

Cuentan que aquella jornada funesta del 19 de mayo de 1895 no hubo destino más cierto para el Apóstol de la independencia que la hermosa premonición de su sacrificio por Cuba, escrita con hondo lirismo: «Mi verso crecerá bajo la hierba y yo también creceré».

Ese día vistió inusualmente de civil, con chaqueta oscura, corbatín y pantalón blanco. En su pecho –como insignia del decoro mambí– llevaba la escarapela de Carlos Manuel de Céspedes, y como escudo del corazón, el retrato de María Mantilla, «la niña amada». 

Su figura, casi solemne sobre el caballo Baconao, inspiraba respeto y admiración. Iba con la frente descubierta y la mirada como irradiando luz. Martí se dirigía al encuentro con la inmortalidad.

«Al pasar entre un dagame seco y un fustete corpulento caído, los disparos de los emboscados dieron en el cuerpo del Maestro, la luz cenital lo bañó, soltó las bridas del corcel, y su cuerpo aflojado fue a yacer sobre la amada tierra cubana (…) Había acontecido la catástrofe de Dos Ríos». Así narró el historiador Rolando Rodríguez el mortal desenlace del más universal de todos los cubanos.

Huérfana la Revolución de su guía intelectual, esa noche no fue preciso tocar silencio entre las tropas mambisas. «La Patria en armas estaba de luto». Mientras, con amarguísimo dolor, Máximo Gómez registraría en su diario: «Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma, podemos decir, del levantamiento».

Cómo no vibrar entonces ante el ejemplo de resolución y bravura de quien se había echado sobre sus hombros la preparación de una guerra necesaria, para acudir luego a la manigua entre los primeros, y no al amparo protector que quisieron darle en la retaguardia.

Cómo no reverenciar al Delegado resuelto que, antes de llegar a Dos Ríos, recorrió (una parte a pie y otra a caballo) más de 300 kilómetros con los zapatos desechos y una mochila donde cargaba cien tiros, medicamentos, libros, un revólver y su propia ropa.

Y cómo no honrar al Hombre de La Edad de Oro que al morir llevaba, como marcas de vida, la huella de un grillete y los agobios causados por su suelo oprimido, con el único anhelo de abrazar la libertad y tener en su «tumba un ramo de flores y una bandera».

Es por ello que, 127 años después, Dos Ríos nos recuerda que allí habita, en realidad, la sobrevida de un hombre más inmenso que su tiempo. Un Martí que en el presente de su pueblo aún cabalga al frente de cada combate actual.

#ElMayor cabalga en la memoria de #Cuba

Fue Agramonte el hombre que no abandonó al Brigadier Sanguily, y para rescatarlo, protagonizó una de las más grandes proezas militares que guarda con celo la historia de Cuba, y que le ganó, incluso, la admiración de sus enemigos

«Agramonte se dispuso a morir en Jimaguayú por salvar a sus compañeros fugitivos», escribió Martí.
«Agramonte se dispuso a morir en Jimaguayú por salvar a sus compañeros fugitivos», escribió Martí. Foto: Miguel Febles Hernández

¡Con la verguenza¡ sí, también de esa manera lucha un revolucionario, aun cuando el enemigo lo crea vencido. Eso nos enseñó Ignacio Agramonte y Loynaz, y fue solo una de las incontables lecciones de coraje, moral, y dignidad que nos legó quien fuera uno de los más grandes jefes militares de nuestras luchas por la independencia.

El Mayor General que condujo con maestría y brazo firme a la caballería camagüeyana, temida por el enemigo español, ganó, por su lealtad a la Patria, el respeto no solo de todos aquellos que tuvo bajo su mando, sino de los más insignes patriotas con los que coincidió en el tiempo.

Sus hazañas militares, su concepto de la guerra y la defensa de sus ideales y principios, consolidaron al hombre que muy pronto dejó de ser solo un héroe del Camagüey, para serlo de Cuba toda.

Fue una estrella cuyo brillo no tardó en iluminar las esperanzas de libertad que latían en el corazón de los cubanos.

Desde que se incorporó a la Guerra de los Diez Años, en Las Clavellinas, puso la vida a los pies de su tierra. Cada una de las responsabilidades que ocupó desde entonces, manifestaron la grandeza de quien pudo preferir la vida reposada de un abogado, el calor hogareño junto a la mujer amada, pero eligió la del mambí, aunque eso implicara constantes privaciones y sacrificios.

Fue Agramonte el hombre que no abandonó al Brigadier Sanguily, y para rescatarlo, protagonizó una de las más grandes proezas militares que guarda con celo la historia de Cuba, y que le ganó, incluso, la admiración de sus enemigos.

Estaba hecho de una fibra que lo convirtió en leyenda, porque hombres de su estirpe dejan huellas que el tiempo no puede borrar.

La muerte lo sorprendió el 11 de mayo de 1873 en Jimaguayú, en un momento en que mucho podía hacer aún por la causa de su tierra, y su pérdida dejó un innegable vacío en las filas del Ejército Libertador, aunque ya su ejemplo estaba destinado a perdurar.

Sus enemigos pensaron que, al desaparecer su cadáver, desaparecería con él la impronta de aquel mambí excepcional, pero la memoria de los pueblos nada ni nadie puede borrarla, y allí, en ese espacio sagrado del homenaje y el respeto, cabalgará eternamente El Mayor.

#ReinoUnido conspiró con la #CIA para asesinar a #FidelCastro

El histórico revolucionario y líder cubano Fidel Castro sobrevivió a más de un intento de asesinato durante su existencia. Fidel pasó la mayor parte de su larga vida en el punto de mira, sobreviviendo a medio siglo de planes de asesinato. Pero a pesar de los intentos desesperados de sus detractores, él murió por causas naturales a los 90 años.


Los 638 intentos de asesinato, según el registro de los servicios de inteligencia cubanos, fueron planificados y llevados a cabo por el gobierno de Estados Unidos a través de la CIA, así como de los opositores cubanos y grupos mafiosos instalados en Miami, descontentos porque Castro acabó con el negocio de los famosos casinos y burdeles de La Habana tras la victoria de la revolución.

Si bien las constantes amenazas de muerte formuladas por Estados Unidos contra el líder cubano son de conocimiento público, lo que no se conocía con exactitud era la colaboración del gobierno del Reino Unido en los planes, y sin embargo, no resulta ninguna sorpresa.

Una Protesta de #Baraguá en el sentir heroico de #Cuba

La sombra de los mangos dio cobija un día como hoy hace 144 años a la Protesta de Baraguá, símbolo de la férrea voluntad de los cubanos por abolir la esclavitud y alcanzar la independencia de España.

Tras 10 años de una guerra (1868-1878) impactada por la desunión, indisciplinas, el caudillismo, entre otros conflictos, algunos encontraron en la firma del Pacto del Zanjón -que pretendía una paz sin la verdadera autonomía de la metrópoli- la solución a las hostilidades, justo cuando los mambises retomaban la lucha por la libertad en el oriente y centro de la isla.

El 15 de marzo de 1878, en una localidad cercana a la oriental provincia de Santiago de Cuba conocida como Mangos de Baraguá, el mayor general Antonio Maceo y otros altos jefes y oficiales mostraron su negativa a aceptar el convenio, que no brindaba respuesta alguna a la situación que propició la guerra y resultaba “una rendición vergonzosa”, a juicio del prócer.

Cuando el gobernador y pacificador español Arsenio Martínez Campos intentó dar lectura al Pacto, Maceo respondió con un rotundo: “Guarde usted ese documento, no queremos saber nada de él”, a lo que prosiguió la pregunta de su interlocutor: “¿No nos entendemos?”, y de nuevo la réplica tajante del cubano: “No, no nos entendemos”.

A la historia ha pasado la significación de este hecho con el cual, al decir del líder histórico Fidel Castro, llegó a su cumbre el espíritu patriótico del pueblo de Cuba “y las banderas de la Patria y de la verdadera Revolución, con independencia y con justicia social, fueron colocadas en su sitial más alto”.

Años después, diría Antonio Maceo que tres veces en su angustiada vida de revolucionario sufrió las fuertes y tempestuosas emociones del dolor y la tristeza, al referirse a la muerte de sus padres y al Pacto del Zanjón.

El historiador Ernesto Limia, en una valoración del acontecimiento, aseguró que la Protesta de Baraguá fue una demostración de intransigencia revolucionaria, que rescató el espíritu independentista de no ponerse de rodillas.

Fue ese el aliento que llevó a tomar las armas nuevamente en la Guerra Necesaria (1895-1898) organizada por José Martí años más tarde, la cual concluyó con la intervención de Estados Unidos en sus últimos momentos y la adjudicación de la victoria sobre España.

Seis décadas más tarde, la isla se liberó definitivamente de la dominación extranjera, con el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959 y la huida del país del dictador Fulgencio Batista.

En el mismo sitio donde tuvo lugar la Protesta de Baraguá, pero el 19 de febrero de 2000, Cuba ratificó en juramento la voluntad de resistir en el nuevo escenario de batalla de las ideas que pervive hasta hoy, con las tecnologías y las plataformas digitales como terreno de lucha constante por la verdad y la justicia.