#Elecciones en #Cuba en un escenario lleno de desafíos

Cuba realizará las elecciones nacionales el próximo 26 de marzo, en medio de un escenario lleno de desafíos en lo económico, lo social y lo político.

Los cubanos elegirán a los 470 miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), quienes tendrán sobre sus hombros no solo la responsabilidad de legislar, sino también la de seleccionar al presidente y vicepresidente de la República, entre otras facultades, de ahí la importancia de estos comicios.

Sin embargo, para nadie es un secreto que fenómenos como la inflación, el desabastecimiento, las dificultades del sistema electroenergético nacional y las carencias económicas marcan la realidad de los cubanos de un modo negativo, que pudiera tener repercusiones en la asistencia a los colegios electorales.

Lo reconoció el propio presidente Miguel Díaz-Canel, cuando en septiembre del pasado año el país decidió avanzar con un referendo popular para aprobar el nuevo Código de las Familias, aunque los cortes de electricidad afectaban a la población y paralizaban las industrias, mientras no cesaban las campañas externas convocando a sabotear el proceso.

En aquel momento afirmó que seguir con los comicios era una muestra del valor y la transparencia de la Revolución, y el resultado mostró una ciudadanía que acudió en más del 74 por ciento a las urnas y finalmente se pronunció por el Sí en un 66,85 por ciento.

El contexto de entonces es muy parecido al actual, también marcado por la crisis derivada del impacto de la Covid-19 y el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, con más de seis décadas de aplicación y afectaciones en todas las esferas de la vida del país.

De eso justamente va esa política, como dejara claro en abril de 1960 el vicesecretario de Estado Lester Mallory, cuando expresó en un memorando la intención de utilizar la asfixia económica como un mecanismo de presión para provocar malestar en la población y subvertir la Revolución.

Es en ese escenario que ocurrirán las elecciones nacionales, a las que el mandatario calificó recientemente no solo como un hecho de valentía, sino además de democracia, porque esta incluye no violar los calendarios establecidos por la Constitución, independientemente de las situaciones por las que atravesara la isla.

Curioso que un país al que constantemente acusan de no tener democracia se someta a un ejercicio electoral en circunstancias adversas, arriesgándose a la abstención y el voto de castigo, por los que apuestan y financian sus adversarios.

El reto de hacer avanzar su economía, a pesar de los frenos externos, es uno de los puntos clave para la nación caribeña y su proyecto social, así como hallar el camino hacia la prosperidad, dignificar el valor del trabajo, el papel del salario y que las personas encuentren su realización dentro de las fronteras nacionales.

Son objetivos que, más allá de figurar en la visión de país rumbo a 2030, precisan concretarse en hechos, por lo que representan para un proceso empeñado en ofrecer a sus ciudadanos una mayor justicia social.

Es por ello que tanto la economía, como la atención a las personas y comunidades en situación de vulnerabilidad constituyen líneas principales de actuación del Gobierno, que lejos de sentarse a contemplar el panorama ha salido a buscar soluciones en acuerdos internacionales, la producción, y la ciencia e innovación.

Lo es también la lucha contra la colonización cultural, un fenómeno esencialmente político, porque va de convertir los ideales y preceptos capitalistas en la vara para medir todas las cosas, la verdad absoluta que no deja posibilidades a otras maneras de hacer o pensar.

“La democracia socialista cubana tiene ante sí las huellas de la colonización cultural que impuso el ideal liberal burgués”, dijo al respecto la profesora de la Universidad de Granma Yuleidis González, en un debate sobre el tema.

Ese es un desafío esencial que precisa de un cambio de espíritu, una nueva relación con el poder, y lograr que las personas sientan que tienen una influencia real en la toma de decisiones, añadió.

Se trata, como dijera Díaz-Canel en sus recorridos como candidato, de perfeccionar la democracia socialista dentro del concepto del Poder Popular, desterrando la burocracia de los mecanismos para la participación de la ciudadanía y mediante los cuales se toman decisiones a partir de sus propuestas, críticas y debates.

El reto, más allá de las urnas, está en educar para participar, para transformar, y en ello puede ser clave un Parlamento donde sus miembros vienen de todos los sectores de la sociedad, sin importar su formación o sus recursos.

Presidente López Obrador: hay más democracia actualmente en #México que en #EE.UU.

#AMLO #Democracia

El presidente criticó la hipocresía del sistema de EE.UU. para señalar e inmiscuirse en los problemas de naciones soberanas.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, aseguró en su habitual conferencia matutina de este martes que su nación tiene más democracia y libertad que la existente en Estados Unidos (EE.UU.), en respuesta a los cuestionamientos del secretario de Estado, Antony Blinken, sobre la reforma electoral.

«Que hay más democracia actualmente en México que en EE.UU., y que en vez de estarse metiendo, actuando de manera injerencista en nuestros asuntos, si quieren seguir con la misma política, pues que se ocupen de lo que está pasando en el Perú, en donde ahí la embajadora de EE.UU. es la asesora de los golpistas que pisotearon las libertades y la democracia en ese país», expresó el jefe de Estado.

En este sentido, López Obrador llamó a dejar la hipocresía, cambiar y purificar la vida pública en las naciones y señaló que, a pesar de que respeta al presidente de EE.UU., Joe Biden, los mecanismos de esa nación siguen siendo los mismos que cuando dominaban Latinoamérica, tanto política como económicamente.

«Y siguen hablando de libertad y siguen hablando de democracia. Pues que quede claro: con relación a nosotros, hay más libertad en México y más democracia que en Estados Unidos, así de claro. Y si quieren que debatamos sobre este asunto, lo hacemos. Y yo tengo las pruebas para demostrar que hay más libertad y que hay más democracia en nuestro país», apostilló. 

Asimismo, el mandatario aseguró que México es un país libre, independiente y soberano, que respeta y por ello exige respeto, y no es ni una colonia ni un protectorado.

«Cuando hablo de que tenemos más democracia nosotros que ellos es porque aquí gobierna el pueblo, allá gobierna la oligarquía», aclaró.

Estas declaraciones del presidente López Obrador acontecen luego que el Departamento de Estado de la nación norteña expediera un comunicado en favor de la marcha organizada por la oposición mexicana contra la reforma a la ley electoral. 

«Dan pena ajena, es ridículo. Ojalá y leyeran lo que contiene la ley electoral, ojalá», expresó el presidente mexicano. 

Refiriéndose a la ley, López Obrador explicó que pretende reducir la participación tendenciosa de un aparato controlado históricamente por la oligarquía, antidemocrático y utilizado para diversos fraudes electorales. 

«Entonces, ¿en EE.UU. no saben de los fraudes electorales en México? ¿No saben que Labastida recibió dinero de Pemex para su campaña? ¿No saben que Fox apoyó el fraude electoral del 2006? ¿No saben que Calderón se impuso mediante el fraude y para legitimarse declaró la guerra contra el narcotráfico, utilizando a García Luna y causando un tremendo daño al país, inclusive a EE.UU. ?», se cuestionó el mandatario. 

#Elecciones en #Cuba: sí, es #Democracia

Los cubanos están convocados a las urnas para elegir el próximo 26 de marzo a los 470 diputados que integrarán la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento unicameral) en su décima legislatura.

En la isla existe un sistema de gobierno que, aun con defectos y limitaciones, es considerado por la mayoría de sus habitantes como democrático y válido, prueba de lo cual son los altos índices de participación del electorado, incluso en medio de las dificultades y carencias que pesan sobre la población ahora mismo.

Sin embargo, los detractores del modelo político cubano no parecen cansarse del cliché de que en el archipiélago caribeño no hay democracia, porque insisten en identificar el término con la existencia de muchos partidos políticos, aunque estos -como ocurre en algunas naciones-, se parezcan demasiado unos a otros y cualquier alternancia no vaya más allá de cambiar para seguir igual.

Pero si se acude a cualquier diccionario, la acepción más generalizada y sencilla define democracia como gobierno del pueblo, sin hablar para nada de partidos más o partidos menos.

La pregunta ahora pudiera ser: ¿Gobierna el pueblo de Cuba mediante los representantes que someterá a su decisión el 26 de marzo?

Los electores deberán pronunciarse por los candidatos a diputados que aparecen en las nóminas de sus respectivos municipios y que en total suman 470.

Para quienes parecen desconocer el proceso electoral cubano, estos fueron designados “a dedo”.

Sin embargo, se celebraron asambleas en los 168 municipios del país con la asistencia de los delegados de circunscripción (nivel primario de gobierno) que previamente fueron propuestos y elegidos directamente por la población en las comunidades.

Las propuestas partieron de una selección hecha por las comisiones de candidatura a nivel nacional, provincial y municipal integradas por representantes de los sindicatos, organizaciones de masas, estudiantiles y sociales, que en 948 reuniones plenarias desde la base hasta la nación completaron finalmente un listado de cuatro mil 600 nombres.

Según explicó a la prensa María Concepción Baeza, presidenta de la Comisión de Candidaturas Nacional (CCN), estos pasaron por el tamiz de la consulta con cada uno de los delegados de circunscripción, que como representantes directos de los electores ofrecieron criterios y aprobaron o no la relación de posibles candidatos a diputados.

Por ello, los comicios del 26 de marzo serán el momento en que los votantes refrendarán o no las propuestas hechas por sus representantes, lo cual sin dudas da la medida del nivel de decisión que tienen los cubanos sobre quiénes estarán al frente del país.

Y los que finalmente resulten elegidos al parecer estarán lejos de ser una élite -como afirman por despiste o intención algunas corrientes de opinión-, cuando ese fenómeno sí ocurre en muchas partes, donde el mejor aval para ocupar un escaño son las copiosas fortunas, propias o donadas, que le garantizan hacer carrera política.

El parlamento cubano lo integrará un conjunto de individuos que según datos aportados por el Consejo Electoral Nacional (CEN), resulta un reflejo lo más cercano posible a la sociedad, pues entre los candidatos a diputados aparecen educadores, médicos, deportistas, periodistas, científicos, campesinos, obreros, religiosos, artistas, militares y empresarios privados.

Entre los nominados el 20 por ciento son jóvenes menores de 35 años, 53 por ciento mujeres, el promedio de edad es de 46 años y más del 95 por ciento son graduados universitarios.

De ser electos, el nuevo parlamento se habrá renovado en el 64 por ciento de sus integrantes, lo que permitirá -aseguran desde el CEN- conjugar la experiencia de trabajo de una parte de sus integrantes, con las nuevas perspectivas que aporten quienes se enfrentan al trabajo legislativo por primera vez.

Quizá de esa representatividad provenga el llamado de las autoridades del país a ejercer el “voto unido”, gesto que valoran como demostración de respaldo al modelo político y social gestado tras el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.

Votar de esa manera es opción del elector, que puede hacerlo solo por aquellos candidatos de su agrado, por lo que el criterio de quienes consideran ese llamado una suerte de imposición del voto, se desvanece no solo por lo que está legislado, sino porque en privado y frente a su boleta, la persona es totalmente libre de hacer lo que quiera.

No obstante, si en algo coinciden los cubanos con los detractores es que la democracia que se ejerce en la isla no es perfecta, y puede ser mejorada, a diferencia de modelos promovidos desde otros confines como dignos de imitar, aun cuando no pocos pasan por una peligrosa crisis de credibilidad.

El propio presidente Miguel Díaz-Canel se refirió a este asunto recientemente, al señalar entre otros aspectos la necesidad de brindar mayor información pública sobre las rendiciones de cuentas a todos los niveles y en todos los espacios y, coincidiendo con el reclamo de muchos ciudadanos, mejorar la labor de los legisladores y estrechar su vínculo con la población.

La dictadura está… en #Miami (Video)

#Contrarrevolución #MafiaAnticubana #RedesSociales #EEUU #Cuba

Comenzamos con el batazo a una de tantas fake news del universo contrarrevolucionario de las redes sociales: los supuestos privilegios y «lujos» de Lis Cuesta, esposa del presidente cubano Díaz-Canel y funcionaria del Ministerio de Cultura de Cuba experta en la organización de festivales, principalmente de música internacional. «¡Llevó a México un bolso valorado en 10 mil dólares!», gritan. ¿De verdad? ¿Quieren saber el precio del dichoso bolso y de dónde salió? De estas anécdotas de la pacotilla contrarrevolucionaria y de otros temas hablaremos hoy en «El Batazo», un espacio en el que batearemos las mentiras de los odiadores, hasta dejarlos a la altura que merecen: la del barro. 

Hablaremos del maravilloso proyecto «Hormigas Solidarias», que lleva donaciones a la Isla y está liderado por cubanas que dirigen asociaciones de la emigración patriótica en el Estado español (Federación FACRE «José Martí») y del proyecto socio-comunitario «Soñarte», en el municipio habanero de Cotorro, que precisamente visitó una brigada de «hormigas solidarias» para apoyarlo con materiales. Batearemos, por supuesto, las estupideces de quienes aseguran que estos materiales «solo llegan a los dirigentes y a los hospitales para extranjeros». ¡Qué lástima de odio acumulado, que produce tanta ceguera!

También batearemos a quienes se alegran de las derrotas del equipo de béisbol de Cuba, porque todo es culpa… «¡del régimen!»

Y hablaremos del clima de censura y terror en Miami, una ciudad de EEUU donde impera una dictadura, la de la mafia de ultraderecha cubanoamericana. Repasaremos -con mucha vergüenza ajena, eso sí- el último affaire de El Divo de Placetas, por unas fotos suyas en Miami con Pedro Calvo, quien fuera cantante de Van Van (grupo símbolo de la música popular bailable de Cuba en el mundo), que casi le cuestan su carrera, tras la petición de boicot hacia «El Divo» del presentador-acosador Alex Otaola. A tiempo, pidió perdón, retiró las fotos y aseguró que «¡yo no soy comunistaaaaa!»

Tadeo Tápanes nos hablará de las compras de Cuba en EEUU que, serían, la prueba de que «el bloqueo no existe». Y de quien asegura que Cuba contruye hoteles pero no compra alimentos ni invierte en centrales eléctricas. ¿De verdad?

de la dictadura de Miami saltaremos a la democracia, la que existe en Cuba, donde el nuevo parlamento tendrá un 55 % de mujeres y un 63% de renovación. Y ¿saben quién será uno de sus diputados? Elián González, ¿se acuerdan del «niño balsero»? En Miami se revuelven en su propio estercolero.

Nuestras #Elecciones

#Cuba #Democracia #Revolución

La novedad del sistema electoral cubano con respecto a la práctica política internacional, especialmente el concepto de que es el pueblo quien postula y quien elige, resulta inaceptable para los enemigos jurados del socialismo. Llenar de pueblo los escaños donde se aprueban las leyes del país aterra a las élites económicas en casi todo el mundo.

Si se quieren pruebas recientes de ese pánico clasista, ahí están los asaltos al Capitolio de Washington por los seguidores de Trump, a la sede de los Tres Poderes en Brasilia, por los bolsonaristas, y la ridícula resolución presentada por una legisladora de origen cubano de la Florida, que condena al socialismo como ideología política para evitar que alguna vez pueda prosperar un ideal de justicia social en la nación estadounidense.

El miedo no es gratuito. El mundo capitalista sufre una alarmante crisis de confianza en sus instituciones políticas. Los expertos advierten acerca de la creciente percepción ciudadana sobre las instituciones como «una cosa alejada de la sociedad, que los políticos no viven en el mundo real y discuten en una jaula de grillos». Cuántas veces no vimos, en las noticias internacionales, a legisladores de las más diversas corrientes discutir a puñetazos o a silletazos.

Cuba escapó a tiempo de ese modelo de «ataque al adversario». No se salió de la democracia, como la acusan sus detractores. La Revolución Cubana rescató la democracia, echando a los politiqueros de la política.

La Revolución Cubana innovó en política, al crear una Asamblea de obreros, campesinos, intelectuales, estudiantes, mujeres y hombres, blancos, negros y mulatos, jóvenes y menos jóvenes, religiosos y no religiosos.

Haciendo camino al andar, en un proceso de creciente aprendizaje, en el cual todo se transforma, hoy podemos mostrar un parlamento ecuménico y unitario, del que saldrán las más importantes decisiones, incluyendo la que pone nombre al Presidente y Vicepresidente de la República, así como al Presidente y Vicepresidente de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado.

Tendrá también este órgano supremo del poder del Estado la misión de fiscalizar y controlar la gestión del Gobierno, velando porque se oriente siempre al beneficio económico y social del pueblo.

Y le corresponderá ser implacable con la rémora de problemas subjetivos que dañan a la sociedad e impactan de muchos modos en la producción deficitaria de bienes y servicios, los precios abusivos, las indisciplinas sociales e ilegalidades, el burocratismo, entre otros.

Esta X Legislatura se parecerá más a su pueblo en tanto más efectiva sea contra esos problemas, según consiga movilizar a los cubanos y proponga, con creatividad, soluciones innovadoras, elimine trabas al desarrollo y crecimiento del país, y promueva todo aquello que favorezca el bienestar del pueblo.

Le corresponderá ampliar y consolidar el proceso de ordenamiento jurídico previsto en nuestra Constitución; estimular la participación y el control popular como genuino ejercicio de gobierno socialista, convertir a los barrios en escenario principal de la acción transformadora y al municipio en centro de la vida económica y social del país. Deberá ser capaz de cambiar todo lo que deba ser cambiado.

Serán ahora 470 diputados los que integren la Asamblea Nacional del Poder Popular (135 menos que en el anterior periodo legislativo), 221 de ellos propuestos desde los municipios, 135 de las provincias y 114 de procedencia nacional.

A ninguno de ellos los postuló el Partido. Los proyectos de candidaturas son elaborados y presentados por comisiones integradas por representantes de la Central de Trabajadores de Cuba, de los Comités de Defensa de la Revolución, de la Federación de Mujeres Cubanas, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, de la Federación Estudiantil Universitaria y de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media.

Con la realización de más de 900 plenos de esas organizaciones, en un amplio y democrático ejercicio, resultaron propuestos más de 19 000 precandidatos, y fueron considerados los 12 427 delegados de base electos por el pueblo, el pasado mes de noviembre.

Luego de una amplia consulta de los propuestos a diputados con los delegados de circunscripción, las asambleas municipales aprobaron las candidaturas. Desde el día siguiente a esas sesiones, y hasta el 24 de marzo, los candidatos recorrerán barrios, centros laborales y estudiantiles, para intercambiar directamente con su gente, sobre proyecciones y expectativas.

Las elecciones nacionales en Cuba deben constituirse en una movilización alegre y entusiasta, pues no hay triunfo mayor que la posibilidad de decidir el futuro con soberanía y libertad.

El día 26 de marzo, según la Ley Electoral, cada elector podrá votar por tantos candidatos como aparezcan relacionados en la boleta. La convocatoria de la dirección de la Revolución es a votar por todos, bajo la probada premisa de que la unidad es el arma fundamental de todas nuestras batallas victoriosas.

La historia de Cuba tiene infinitas pruebas de esa verdad. Cada vez que falló la unidad, fracasamos. Cada vez que la logramos, vencimos.

La unidad nos blinda, por eso apuntan contra ella los que nos quieren derrotados. Votar por todos, dijo Fidel en las cruciales elecciones de 1993, no es una consigna, es una necesidad de la Patria, no es un acto de disciplina, es un acto de conciencia.

En los escaños de la Asamblea Nacional se sentarán en condición de iguales el obrero y el trabajador de formas de gestión estatal y no estatal, el campesino y el científico, el maestro y el estudiante, veteranos y jóvenes, intelectuales y militares, y aunque con mínima diferencia, serán mayoría las mujeres.

Esa es nuestra democracia. Toca hacerla, defenderla, perfeccionarla y celebrarla, pues no hay mayor expresión de libertad que decidir, sin imposiciones de afuera, el presente y el futuro de la nación que somos. No hay más protagonistas que nosotros mismos. Cuba es candidata y Cuba elige. Manda Cuba.

¿Reformas democráticas en #Cuba?

#Democracia #AméricaLatina #AsambleaNacional #PoderPopular

 El asalto de bolsonaristas a las sedes de los tres poderes en Brasil; la destitución del presidente de Perú; la violencia golpista en Bolivia desde el departamento de Santa Cruz; la sentencia judicial que inhabilita a la vicepresidenta argentina…

Son muestras de la fragilidad del modelo de democracia implantado en América Latina, que jamás ha sido verdadero poder del pueblo.

Un modelo que, nos repiten, da la oportunidad a la izquierda de llegar al poder y llevar a cabo sus programas de reducción de desigualdades.

Algo que se ha demostrado, claramente, como falso. Mecanismos legales, presiones políticas, trampas judiciales, conspiraciones militares, amenazas económicas y continuas campañas mediáticas, lo impiden una y otra vez.

Este modelo fallido y poco democrático es, curiosamente, el que se trata de imponer a Cuba. Un país donde procesos de verdadera discusión popular han reunido a millones de personas, para debatir profundas reformas económicas, la Constitución o importantes leyes, como el Código de las Familias.

Donde las personas más humildes son electas para gobernar las asambleas municipales y provinciales, o llegar al parlamento.

¿Cuba necesita “cambios” en su modelo político? Sí. Aquellos que sirvan para aumentar la participación y el control popular desde cada barrio, centro de trabajo o comunidad.

Esos son los “cambios democráticos” que necesita Cuba, no el regreso a un modelo fracasado. Estas son las verdaderas “reformas” para la Democracia Cubana…. Socialista.

Veinticinco razones democráticas para seguir procurando toda la justicia social posible (+ Video)

#Diaz-Canel #RevoluciónCubana #PoderPopular #AsambleaNacional #Democracia

Participando en estas elecciones y dando un voto unido mayoritariamente, estamos defendiendo el sistema político de la Revolución Cubana, estamos defendiendo el socialismo, estamos defendiendo la sobrevivencia de la Revolución, aseveró Díaz-Canel

Se viven días intensos. Hasta el próximo 24 de marzo, los 470 candidatos a diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular recorren los territorios e intercambian con representantes de diferentes sectores sociales, laborales y estudiantiles de cada localidad, previo a las elecciones nacionales.

En Santa Clara, en diálogo con el pueblo, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel

Díaz-Canel Bermúdez, junto a los otros nominados por ese territorio, expuso ideas que son esencia del sistema cubano, y que Granma retomó del sitio web de la Presidencia.

  • Estamos ante el proceso político más importante que viviremos este año, en medio de la continuada crisis a nivel mundial, las dificultades internas y ese bloqueo recrudecido del Gobierno de Estados Unidos, que se mantiene y que no cambiará.
  • Nuestro modelo se inspiró y construyó con el concepto de verdadera democracia, de democracia genuina, que desarrolló Fidel, y no en el de democracia hipócrita, exclusiva para los sectores privilegiados, que tienen los países capitalistas.
  • Nuestra democracia es perfectible, por eso estamos apostando a que cada vez seamos más democráticos, y demostrando que democracia no tiene que ver con unipartidismo o con multipartidismo.

Al evaluar las campañas de descrédito contra el sistema democrático cubano, como los ataques a nuestras comisiones de candidaturas, encargadas de hacer las propuestas para que sean aprobadas por las asambleas municipales, y que están integradas por representantes de las organizaciones de masas y estudiantiles, lideradas por la Central de Trabajadores de Cuba, el mandatario abundó en las falacias de esos procesos en los países cuyo modelo intentan imponernos.

  • ¿Quién postula en Estados Unidos? Lo hacen las élites de sus dos partidos, y no lo hacen por los méritos de esas personas, sino por el dinero que tengan para sufragar unas campañas electorales donde unos se enfrentan a otros, sacándose «todos los trapos sucios» en un espectáculo en el que corre mucho dinero. Y después van a votaciones que casi nadie entiende, como cuando Trump, que sacó menos votos que Hillary Clinton en las urnas, salió presidente, y donde, a veces, menos del 50 % vota. Y ese modelo es el que nos quieren imponer.
  • ¿Y quiénes integran nuestras comisiones de candidaturas? Aquí están formadas por representantes de nuestras organizaciones de masas, de nuestra sociedad civil. ¿Y estas son más legítimas o menos legítimas que la élite de un partido?, ¿son más inclusivas o menos inclusivas que la élite de un partido?
  • ¿Y cómo es que nuestras comisiones de candidaturas forman las canteras para integrar las propuestas de diputadas y diputados a la Asamblea Nacional? Bueno, lo hacen hablando con muchas personas, en plenos…
  • ¿Cómo la Federación Estudiantil Universitaria conforma sus propuestas para presentar en las comisiones? La feu va aula por aula, en todas las universidades, pidiendo propuestas y después lo lleva a los plenos de cada una de las universidades, y después a los de las provincias y después a su consejo nacional.
  • ¿Esto no es más inclusivo y más democrático que lo que se hace en el mundo? ¿No es transparente? Y esto se hace por cada organización de nuestra sociedad civil que forma parte de las comisiones de candidaturas.
  • ¿Y quiénes integran estas candidaturas? En el país, la cantera estuvo formada por más de 19 000 personas; solo aquí en Villa Clara fueron 870 personas para llegar a una candidatura de 32 de la provincia, quienes serán votadas por el pueblo para integrar la ANPP.
  • Nuestra democracia tampoco se concibe con campañas electorales. Aquí a Santa Clara nadie viene a decir que va a arreglar la Carretera Central, a arreglar las calles del reparto José Martí… No, los candidatos venimos aquí a representar al pueblo, a trabajar en la estrategia económico-social que tiene el país para resolver los problemas actuales, de los cuales no se saldrá con milagros, sino estimulando para que todos produzcamos más e importemos menos.
  • La X Legislatura no será una Asamblea Nacional en la que los diputados llegarán a resolver los problemas. Estos se van a solucionar con el vínculo entre los diputados y el pueblo, porque el pueblo es el principal protagonista. Nosotros iríamos a esa Asamblea a representar al pueblo.

Al abundar en el proceso de conformación de propuestas y nominaciones a candidatos a diputados, el Primer Secretario recordó:

  • El Parlamento, como establece la Constitución de la República, tiene que estar conformado hasta un 50 % por delegados de circunscripción, de las bases, y estos, primero, tienen que ser propuestos en el barrio por sus vecinos;
  • luego, en segundo lugar, tienen que ser elegidos en las urnas por los votantes de la circunscripción, en las elecciones para conformar las asambleas municipales;
  • después, como tercer paso, tienen que ser propuestos en los plenos de las organizaciones de masas y estudiantiles para integrar las propuestas de las comisiones de candidaturas y ser aceptados por estas;
  • más tarde, como cuarto filtro, tienen que ser presentados de forma individual a los miembros de las asambleas municipales;
  • a seguidas, en el pleno de la asamblea, recibir el voto positivo de más del 50 % de los miembros de estas,
  • y, por último, como sexto paso, tras su aprobación como candidatos, intercambiar con la población, explicar, escuchar e ir a las urnas por sus distritos, donde serán elegidos o no.
  • Nuestros diputados a la Asamblea Nacional se someten seis veces a procesos de decisión popular. ¿Eso pasa en EE. UU.? ¿Eso pasa en las otras democracias que nos quieren imponer?

Sobre la convocatoria al voto unido a que se llama en las elecciones a la Asamblea Nacional, Díaz-Canel explicó que se hace para que todos los candidatos, sean más o menos conocidos por el pueblo, estén en condiciones de igualdad, porque todos tienen enormes méritos, a pesar de que unos sean menos conocidos que otros, porque para la ANPP no se está eligiendo entre varios a uno, en estas elecciones el interés es que todos puedan ser elegidos y todos puedan ser representados.

  • La estrategia del voto unido –dijo– es una estrategia revolucionaria, pero tampoco es una imposición, el que entienda el motivo del voto unido, lo hace por todos; el que no, lo hace de forma selectiva, pero lo importante es que todos puedan salir, para que nadie quede disminuido o en desventaja porque sea más o menos conocido. ¿Y eso no es democrático, eso no es más democrático que lo otro que nos quieren imponer?
  • Y es esto, nuestro sistema democrático, lo que nos quieren destruir. Y lo quieren hacer, primero, bloqueándonos, para que no tengamos nada, y que esa asfixia económica nos lleve a romper con la Revolución; segundo, apoyando eso con una campaña mediática brutal, de desprestigio de la Revolución Cubana, de su sistema político, democrático.
  • La cubana, sin embargo y pese a todas las campañas de los enemigos, es una buena democracia, es de verdad una democracia, porque es poder del pueblo; el pueblo postula y el pueblo elige, y el pueblo está participando, y no solo en las elecciones, sino en todo lo que se hace; y en los últimos tiempos hemos estado insistiendo en ser todavía más democráticos.

Señaló, a propósito, como ejemplo, las consultas populares y los referendos –o sea, dos mecanismos de democracia, dijo–, con los que se determinaron la Constitución de la República y el Código de las Familias.

  • Todo esto es muy raro verlo en el mundo, y lo hicimos en el peor momento que estábamos viviendo económicamente, como ahora vamos también a unas elecciones en un momento complicado.
  • Las próximas elecciones nacionales son un hecho de valentía, pero también son un hecho de democracia, lo que incluye no violar los calendarios establecidos por la Constitución de la República por situaciones que estuviéramos atravesando.
  • Y todo esto, toda nuestra democracia, es lo que nos quieren desmontar. Por eso, más que votar por los diputados a la ANPP, participando en estas elecciones y dando un voto unido mayoritariamente, más que todo, lo que estamos defendiendo es el sistema político de la Revolución Cubana, estamos defendiendo el socialismo, estamos defendiendo la sobrevivencia de la Revolución.
  • Ante la lógica imperialista, nosotros tenemos que anteponerle la lógica socialista. ¿Y cuál es la lógica socialista? Más justicia social, toda la justicia social posible.

Nuestras elecciones (I) (+ Video)

#Elecciones #Democracia #Cuba #RevoluciónCubana

La democracia cubana, genuina, auténtica –no importada– tiene apellido: socialista. Su esencia radica en la participación ciudadana, en el derecho de todas las personas a tomar parte en la construcción económica, política y social de la nación

«No hay democracia en Cuba», repiten hasta el cansancio los que adversan el sistema político cubano. «¿Cómo puede haberla con un solo partido?».

A la pregunta habría que responder con otra: ¿quién dijo que democracia significa multipartidismo?

Democracia es, en todas las acepciones del término, gobierno del pueblo. Y podríamos agregar: por el pueblo y para el pueblo.

El multipartidismo es, con todo respeto para la mayoría de las sociedades contemporáneas que lo consideran garantía de democracia, una fragmentación de las fuerzas políticas de la nación, con un fin supremo: disputar el poder.

Es así como el sentido de servicio a las mayorías queda relegado y ellas mismas no llegan a las candidaturas.

Cuba no puede ser medida bajo ese criterio, porque su sistema electoral fue concebido, justamente, para superar las limitaciones que tienen los modelos tradicionales para favorecer el acceso del pueblo al poder.

Pero, no es propósito de este editorial cuestionar la legitimidad de los procesos electorales de otras naciones, ni exaltar nuestros méritos denigrando a los otros, pues estaríamos cayendo en el mismo error de los muchos que, sin conocer el sistema electoral cubano, lo descalifican por no ser calco y copia del que ellos defienden.

Una verdad sí debe ser dicha: Cuba ya conoció y practicó el multipartidismo y el pueblo siempre perdió en la pelea de los partidos. Cuba cree en la fuerza que la unidad de millones de ciudadanos en torno a un solo Partido, les aportan a sus necesidades y demandas como sociedad.

Al aprobarse este domingo las candidaturas locales para nuestras Elecciones generales, se está iniciando uno de los más importantes procesos del sistema político que se ha dado a sí misma la nación, para garantizar el ejercicio de la democracia plena desde la participación ciudadana. Sin ella, la democracia estaría vacía de contenido. Sería una entelequia.

El 1ro. de diciembre de 2022, el Consejo de Estado libró la convocatoria a elecciones nacionales para elegir, por el término de cinco años, a los diputados que nos representarán en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Este proceso, de amplia transparencia, tendrá un momento ­importante el domingo 26 de marzo, cuando las cubanas y los cubanos acudiremos a las urnas a ejercer nuestro derecho al voto libre, igual, directo y secreto. Allí estaremos eligiendo al órgano supremo del poder del Estado y, al propio tiempo, reafirmándonos como actores de la política del país.

La democracia que no hay en Cuba es la que practica la sociedad del capital, la del imperio del dinero y la influencia, la que pretende imponerse a todos los países, sin considerar su historia, tradiciones y organización social y política.

En los modelos que se pretenden democráticos per se, suele ganar quien invierta «con más eficiencia» los millonarios montos recaudados en campañas desiguales, quien compre más espacios en el concierto mediático, quien más lodo vierta sobre sus rivales, quien más promesas haga.

La democracia cubana, genuina, auténtica –no importada– tiene apellido: socialista. Su esencia radica en la participación ciudadana, en el derecho de todas las personas a tomar parte en la construcción económica, política y social de la nación.

Por más que sucesivas administraciones estadounidenses y los peones a su servicio en las redes sociales pretendan pintarle al mundo una Cuba de gobierno rígido, autoritario y fallido, la fuerza de la verdad siempre será superior a las ridículas campañas de descrédito.

La fiesta electoral que está comenzando es parte inseparable de esa verdad que quizá no hemos sabido contar con todos sus méritos. Es perfectible, no perfecta. Hasta en eso se nos parece más que todos los modelos que quieren vendernos.

Un think tank rearma la «hoja de ruta» de #EEUU contra #Venezuela

#Whashington #Economía #CorrupciónPolitica #Democracia

En Washington hay una discusión de método y formato respecto a la estrategia sobre Venezuela, y no un cambio de paradigma en las relaciones

Misión Verdad

Las jornadas de protestas docentes estas semanas se dan en un clima donde, a la par de la presión inflacionaria de inicios de este 2023, parecieran empalmar con un tipo de movilización que ha venido paulatinamente expresándose, a nivel nacional, con gremios y otros actores «visibles» de la «sociedad civil», teniendo como trasfondo los avances y tensionamientos alrededor del proceso de diálogo gobierno-oposición en México.

En medio de esto, el colapso definitivo del «proyecto Guaidó», el ajuste de cuentas de Voluntad Popular con el G3 y la pérdida de iniciativa de las oposiciones en general, parecen obligar a una corrección del enfoque sobre Venezuela. En esta oportunidad, el intento de enmienda no proviene de los círculos de toma de decisión tradicionales de la Casa Blanca o del Departamento de Estado, sino de aparatos intelectuales bien engranados a los pasillos de poder de Washington como el influyente Wilson Center.

¿Cristalización oficial de la estrategia?

El Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson, habitualmente referido como Wilson Center, publicó en diciembre de 2022 su informe «Venezuela en 2023 y más allá: trazando un rumbo distinto«.

Producto realizado por el Grupo de Trabajo para Venezuela dentro del Programa para Latinoamérica, el informe lo firma el académico estadounidense Abraham F. Loewenthal como resultado, según afirma, de «discusiones virtuales en grupo, entrevistas al grupo en su conjunto o miembros individuales llevadas a cabo con actores y expertos venezolanos, un número de papers anteriores, y el intercambio extensivo de perspectivas entre nosotros» (pp.3-4), refiriéndose a la lista de nombres que acompañan al documento.

Co-firmado por 19 signatarios (incluyendo su autor), el informe consta de 28 páginas y 17 apartados donde se esboza lo que, en sentido estricto, es la visión del think tank radicado en Washington D.C. sobre el establecimiento de una estrategia y ruta de acciones a seguir para la resolución del «conflicto venezolano».

El Wilson Center es financiado por el Congreso estadounidense y es miembro integral del complejo del sistema educativo y red de centros de estudios del gobierno, cuyo nombre honra al expresidente norteamericano Woodrow Wilson.

Este think-tank también recibe un profuso financiamiento de las corporaciones del Fortune 500. Su lista de donantes está constituida por individualidades (la madrina de la doctrina del R2P, Anne Marie Slaughter), instituciones del Poder Ejecutivo (el Departamento de Estado), embajadas (como la de Qatar), hasta imperios empresariales de la talla de Amazon, Chevron, PepsiCo, Northop Grumman, ExxonMobil o JP Morgan Chase, según su registro de patrocinantes de 2021.

El dato en sí ya nos dice de forma contundente cuál es el esquema de intereses alrededor de la presunta «resolución» del «conflicto venezolano». Pero algo pudiera otorgarle aún más valor político y peso operativo a la entidad. A falta de una política delineada o específica en términos oficiales de Estados Unidos respecto a Venezuela, este documento pareciera aproximarse, más que cualquier otra cosa, a eso: un documento oficial sobre los posibles pasos realmente concebidos y existentes de Washington respecto a Venezuela.

Otro elemento a destacar, que establece otro significante en relación al lenguaje alrededor del informe en sí y lo que dice propiamente, es el tipo de autor principal. Abraham Loewenthal es un animal político-académico profundamente engranado en el sistema think tank-establishment académico y político-corporaciones.

Su profusa hoja de vida incluye prácticamente todas las universidades de «peso» dentro del sistema (Harvard, Oxford, Brown, Princeton), así como de la red de centros de estudios y think tanks (CFR, Brookings Institution, Inter-American Dialogue). Es, también, miembro del Consejo de Investigación del Foro Internacional de Estudios Democráticos del National Endowment for Democracy, la NED. Se especializa, entre otros campos, en globalización, gobernabilidad, América Latina y, con particular énfasis, en transiciones de gobiernos autoritarios hacia la democracia.

De este modo, como hablante principal (mas no el único), el lenguaje político y su sistema de señales queda claramente establecido. Y, de forma indirecta, el documento puede alcanzar un rango de oficialidad que difícilmente lo harían otros papeles de trabajo.

  • Dato extra: Antony Blinken también es miembro del Wilson Center.

El contenido

La premisa esencial del trabajo radica en que no existe otra vía para salir del «callejón sin salida» de la cuestión venezolana que no sea a través de un proceso de negociación, uno mediante el que se labren acuerdos que toquen «los intereses tanto del gobierno venezolano como de la oposición democrática» (p.4), advirtiendo que no se trata de fórmulas mágicas que resolverán los «resentimientos profundos entre venezolanos» o que garanticen una recuperación económica inmediata (p.5).

Por otro lado, el papel de trabajo señala que el nuevo objetivo de la oposición ya no es buscar el cambio de régimen acelerado sino que, tutelado por Estados Unidos, se presenta como una oposición que busca atender y resolver las «emergencias humanitarias», los derechos humanos, «la reconstrucción de la economía» y, en especial, un aspirado marco de gobernabilidad y consenso rumbo a unas elecciones (presidenciales, regionales y municipales, en 2024 y 2025) que sean «justas» y «monitoreadas internacionalmente», tal como afirma el documento del Wilson. El think tank se refiere como «la oposición» exclusivamente a la Plataforma Unitaria.

En esa medida, Loewenthal et al aseguran que cualquier escalada de «medidas coercitivas» no solo no se justifican, sino que «endurecerían las hostilidades» (p. 11). Igualmente, desde Estados Unidos, apuntan la necesidad de crear un apoyo bipartidista que definitivamente se aleje de la máxima presión para, en cambio, «alentar negociaciones, construir coexistencia, proteger los derechos humanos, facilitar una gobernabilidad democrática efectiva y promover la recuperación económica» (p.15).

Ya en este punto, si le agregamos además la implosión definitiva de la «estrategia Guaidó», Estados Unidos parece oficializar, en materia de formas, el final de la lógica operativa que signó los años de confrontación directa de la administración Trump.

Se puede afirmar que es un reconocimiento indirecto de una sucesión de fracasos que obligan al reconocimiento del Gobierno Bolivariano, y al presidente Nicolás Maduro, como actores innegables e imposibles de esquivar. Sin embargo, hasta aquí pudieran identificarse las premisas más o menos amistosas o de «humanización» del adversario. Pero a pesar de los atenuantes, se puede detectar que el campo semántico de la lógica del cambio de régimen permanece.

Se ve, con toda claridad, en dos elementos: el primero es la caracterización de «la crisis» y del gobierno, y en segundo por el objetivo final de las negociaciones.

En el primer elemento, se trata de un marasmo cuyos únicos supuestos responsables han sido los gobiernos chavistas, donde es urgente el papel de una «robusta sociedad civil» que participe del proceso a distintos niveles y la supervisión de la «comunidad internacional» para poder «reinstitucionalizar» (p.6) el desorden de un gobierno y un grupo de poder «atrincherado» (p.11), que todavía al día de hoy, según el informe, cierra medios, comete delitos ambientales, viola derechos humanos, etc.

En el segundo, el papel de trabajo no logra disimular del todo que el objetivo fundamental es una «transición política» (p.5) con una «transferencia de poder» (p.2), y la «reconstrucción» (p.14) política y nacional, luego en la búsqueda de la superación de un «período traumático que le ha hecho mucho daño a Venezuela, desestabilizado la región y dañado a millones de compatriotas» (p.20), de acuerdo a los cánones habituales del catecismo liberal, codificado en el marco ideológico del Partido Demócrata.

Así, en lo primero, el informe no solo recomienda, sino que ve conveniente que mientras continúe el proceso de diálogo y negociación, las «sanciones» no le sean levantadas a los principales actores políticos del chavismo y que, en caso de no avanzar, puedan rápidamente «reinstituirse» (snap back) a la hora de cualquier intransigencia, no sin antes recomendar mediante los actores internacionales en torno al diálogo un relajamiento aparente como «incentivo».

En ambos casos, ya en este punto, se puede afirmar que el informe abandona lo que pudiera tener de «novedoso» para reproducir los lugares comunes habituales, toda vez que lo aparentemente estratégico vuelve a ser sencillamente una serie de recursos tácticos de presión abierta.

Cualquier persona más o menos familiarizada con los métodos de resolución de conflicto entiende que una premisa esencial es que nadie «gane», y decididamente, este no es el caso: al menos como aspiración tiene un claro deseo de que una de las partes sea victoriosa.

Es, entonces, una discusión de método y formato, y no un cambio de paradigma en las relaciones.

Por debajo de las aparentes preocupaciones humanitarias y bienestar societario, opera el objetivo político central, el cambio de régimen, empleando de forma manifiesta su palanca central: las elecciones. Para ello, será necesario contrapuntear parte del contenido con otros elementos visibles y verbalizados desde otras instancias.

La «hoja de ruta» sin envoltorio conciliador

El cambio de aproximación y de forma en la relación Estados Unidos-Venezuela y, dentro de eso los elementos de forma que efectivamente se han modificado, pudiera decirse que en cierta medida antecede al informe del Wilson Center, que por más elocuente, descriptivo e intelectualmente acabado que puede ser, tampoco se puede asumir como el alfa y omega del «plan» de la oposición tutelada.

La noción de las elecciones, en primer lugar, las presidenciales de 2024 y, al menos en principio, las regionales de 2025 como el punto de inflexión y la ventana overton para, ahora sí, alcanzar el cambio de régimen puede verse también en otros lugares de enunciación en materia de opinión y también en políticas de instituciones del sistema estadounidense con mayor continuidad o no sujetas a las contingencias, que pudieran incidir en momentos en la rama ejecutiva.

El 15 de septiembre de 2022, Marcela Escobari, Administradora Adjunta para América Latina y el Caribe de la USAID, ofreció testimonio al Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano sobre el «caso» venezolano.

Luego de establecer el mismo cuadro habitual sobre la «crisis venezolana» donde destaca sin sorpresa la migración, el «autoritarismo», la poca libertad de prensa, la corrupción, la ineptitud y la represión, la funcionaria cierra con la forma en que la USAID apostará a la «transición democrática» en Venezuela.

Vale decir que el retrato (y las fuentes) tanto de Escobari como del informe del Wilson son en esencia lo mismo, con igual piso de datos para establecer el discurso y justificar las acciones a tomar. Sin embargo, no es lo único en que coinciden, más allá de que el estilo destemplado y apocalíptico de Escobari marca considerable distancia con el de Loewenthal en el documento hasta aquí reseñado.

En tal sentido, Escobari afirma que son tres áreas desde donde la USAID busca operar hacia la «transición democrática» en Venezuela, teniendo también como centro a las propias jornadas electorales de 2024 y 2025. Siguiendo el mismo y exacto camino, donde el mejoramiento de las condiciones electorales es un principio regidor, la USAID deja claro, primero, que apoyará a la oposición.

Según Escobari, las elecciones «subnacionales» (sic), es decir, las regionales de 2021, demostraron que según esa lógica es posible valerse del recurso del voto a pesar de no ser libres, según ella, para demostrar que sí se pueden alcanzar objetivos por la vía electoral.

Graciosamente también afirma que la oposición se granjeó una victoria abrumadora con las elecciones de enero de 2022 en Barinas, pero eso es apenas un ornamento.

Lo que sí importa de su afirmación es certificar que para Estados Unidos y la administración Biden, la doble derrota electoral en Barinas es la demostración definitiva y palmaria del modelo a seguir. Esto, en materia de opinión, ha sido más o menos una constante que se puede encontrar, por ejemplo, en el plano de la opinión desde los medios del corretaje estadounidense.

Este es el punto central, que debe complementarse con los otro dos que también establece puentes con el documento del Wilson. El apoyo a «medios independientes» y a la «sociedad civil democrática» como la vía para mantener marcado y denunciado al gobierno, y, en esa misma dirección, lo mismo con los «defensores de derechos humanos que documentan la represión».

El Wilson Center, por su lado, recomienda, variando un poco el enfoque, la importancia de que en principio el gobierno y la Plataforma Unitaria «diseñen y acuerden sobre los procesos que documenten violaciones sistemáticas a los derechos humanos, la supresión de las libertades democráticas y la grotesca corrupción», algo que, según recomiendan, debería hacerse en consultas «con activistas y defensores de derechos humanos tanto venezolanos como internacionales», así como las víctimas, sentando el piso para una presunta justicia reparatoria (p.17).

Para la USAID, que desde 2018, el año en que se abrieron las compuertas a través de la ONU a distintas modalidades de «ayuda humanitaria» como mecanismo en primer lugar de descompresión política, para septiembre de 2022 había anunciado el haber destinado 367 millones de dólares en «asistencia humanitaria adicional». En el mismo sentido, la NED declara, según su última rendición de cuentas (2021, en febrero publicarán la de 2022) haber destinado públicamente bajo sus estándares la abultada cifra de 4 millones 324 mil 293 dólares, toda vez que es un incremento de aproximadamente un millón de dólares respecto al año anterior.

Lo que pudiera establecer la interrogante de hasta dónde, en realidad, estos presuntos dividendos efectivamente están siendo destinados a asistir a personas en la precariedad extrema, en la inopia o la desesperación (que mucho tiene que ver con el también muy reconocido cuadro de depresión económica producto de las «sanciones») y cuánto, en realidad, se está destinando para el «robustecimiento» de esa «sociedad civil democrática», «defensores de derechos humanos» o «medios independientes».

Y aquí llegamos, en este momento de análisis comparado, a lo que quizás sea una de las premisas esenciales del documento del Wilson, que pasamos a citar in extenso:

«Parte de este esfuerzo [de construir condiciones para negociar y enrumbarse a la ‘transición’] debería ser en diplomacia pública: no el abrir conversaciones confidenciales al ojo público, pero de proveer informes periódicos que construyan confianza en los negociadores [de la Plataforma Unitaria y el Gobierno Bolivariano] y su trabajo. La oposición democrática no debería perder de vista la probable utilidad de organizar manifestaciones de calle, no para derrocar al gobierno, sino para aumentar el apalancamiento de la oposición. Combinando presión y concesiones, en distintas maneras en momentos diferentes, a veces es una estrategia valiosa para las negociaciones» (p.19).

Esta afirmación, naturalmente, nos obliga a contrastar los eventos más o menos por acumulación que se vienen manifestando desde los gremios y otras instancias de organización por sector de la sociedad venezolana en los últimos días, ofreciendo una profundidad de campo a dichos movimientos y acciones.

Acciones que, sí, tienen como base elementos concretos y tangibles de la realidad, como el valor del salario y por consiguiente las dificultades económicas, en un marco internacional donde se han anunciado muchos posibles pasos en materia de avances desde el diálogo, entre ellos la liberación de una cifra importante de fondos secuestrados que deberían destinarse, de forma coordinada, para aliviar dificultades en materia de educación, salud e infraestructura de servicios.

Ya en este punto se puede establecer la conclusión preliminar que no es la situación humanitaria lo que moviliza todo esto, sino los cálculos políticos en función de una lógica táctica de smart power que combine concesiones reales con mecanismos de presión en el marco del contexto pre-electoral, en un momento en que las instancias partidistas convencionales se encuentran francamente en crisis y reorganización, incapacitados de construir directamente una agenda y un clima político.

La creación de un clima político no-orgánico demanda un tiempo de maduración, y la dispersión por rencillas internas y demás factores de implosión de la actualidad no pareciera facilitarle la unidad de mando, la construcción de acuerdos o la armonización en la ejecución de una agenda específica, como se pudo labrar, por ejemplo, a lo largo de 2016 con la primera mitad de 2017 con un clímax que alcanzó lo insurreccional.

Los propios análisis de situación de algunas firmas de oposición admiten en términos más amplios un clima general de desmovilización, algo que según afirma por ejemplo el politólogo Ricardo Sucre Heredia, permea a todo el escenario nacional, así se exprese de maneras distintas y el chavismo demuestre otros elementos más movilizados o movilizadores.

Se sustenta Sucre Heredia en los últimos estudios de opinión de Delphos y Datanálisis realizados a finales del año pasado. Con todos los sesgos a considerar en esta clase de estudios, sin embargo, admite pasajes como estos, tomado de su último informe del 16 de enero:

«Otro resultado es que bajó la disposición a protestar contra el gobierno y por los servicios públicos. En el primero, de 41% a 21% entre julio y noviembre de 2022, y en la segunda, pasó de 55% a 37% respectivamente que explicaría porqué salieron de las noticias las protestas por los servicios. Ya no suenan mucho. En general, la gente no quiere salir a protestar».

A la luz de esta muestra, tanto del análisis como de lo presentado en él a partir del estudio de Delphos, se puede ir planteando la pregunta de dónde se encuentran entonces los motores de calentamiento de la calle en los últimos días.

Desde mediados del año pasado, con las reacciones y protestas del «instructivo de la Onapre», se ha evidenciado una gremialización de los conflictos. Estructuras que en su mayoría han sido históricamente controladas por partidos o elementos de la oposición, hoy, al menos en teoría, al margen de las estructuras partidistas de la dispersa oposición.

El año 2014 inició con un escenario que en ese aspecto en particular resuena: los partidos, en líneas generales, en franca retirada luego de la derrota electoral de las municipales de finales de 2013, pero que por la baranda actores antipolíticos harto conocidos, junto a estructuras preparadas y entrenadas para la ocasión, como el «movimiento estudiantil», lograron instaurar la reconocida agenda de violencia y conflicto.

Independientemente de que el propio discurso alrededor del «qué hacer» opositor y de Estados Unidos en este momento en líneas generales se enfoca en las negociaciones de cara a la cita electoral, las manifestaciones gremiales (hoy en día docentes), al menos en principio y en su núcleo organizativo, parecen tener un grado de organización y método que rebasa el cuadro de acciones espontáneas.

En algunas regiones del país, donde parecieran tener mayor efecto movilizador, estos programas de acción fueron programados para acciones durante toda la semana, en varios municipios, con distintos grados de intensidad y alcance, y en la búsqueda de la constitución de comités de conflictos, en esta oportunidad «en todas las instituciones educativas», buscando acumular fuerzas y canalizar de malestar con perspectivas de base más amplia.

En estos tres niveles estudiados, el del think tank, el del organismo estatal estadounidense y el que se refleja de forma incipiente y aún algo disgregada en la calle, parecieran ir esbozando entre el piso doctrinario y la acción directa, el piso político o bien para ir engranando mecanismos de presión, o bien, quizás, con objetivos y fines no manifiestos, pero tampoco descartados en materia de conflictividad, todos, los tres analizados, con el fin «superior» del cambio de gobierno y de forma más ampliada, de régimen histórico y sociopolítico.

«Ninguna ruta está exenta de riesgos dentro de circunstancias tan conflictivas. Aún así los riesgos de explorar por completo un camino hacia la gobernabilidad democrática, la coexistencia respetuosa y la recuperación económica de Venezuela deberían tomarlas todos los actores relevantes, tras tantos años de polarización, represión y privaciones. El momento para un esfuerzo total para la negociación de soluciones a las múltiples crisis de Venezuela es ahora. Ese es nuestro mensaje central» (p.23), remata el documento del Wilson Center.

En #Brasil el odio también arremete contra la #Cultura

#Violencia #Fascismo #Asalto #Terrorismo

Los generadores de odio y violencia, solo comparables con los practicantes del fascismo dondequiera que sea, atacaron y destruyeron parte de las obras de ese grande entre los grandes, Oscar Niemeyer

Los atacantes realizaron una acción anticultural, al peor estilo de las hordas nazis. foto: reuters
Los atacantes realizaron una acción anticultural, al peor estilo de las hordas nazis. Foto: Reuters

Sería mucho pedir a los fundamentalistas que asaltaron las sedes del Parlamento, la Presidencia y la Corte Suprema en Brasilia, y al inspirador de estos actos, Jair Bolsonaro, que tuvieran conciencia de que allí rompieron, con palos y piedras, una hermosa parte del patrimonio histórico de ese país.

Los generadores de odio y violencia, solo comparables con los practicantes del fascismo dondequiera que sea, atacaron y destruyeron parte de las obras de ese grande entre los grandes, Oscar Niemeyer, quien proyectó algunas de las edificaciones de corte futurista que fueron atacadas.

¿Sabrán Bolsonaro y sus acólitos que aquello que destruían lo había creado el mismo brasileño que concibió el actual edificio de la onu en Nueva York, o la misma ciudad de Brasilia, allí donde los odiadores hicieron campamento en espera de la orden de lanzarse contra la propia cultura de su país?

En el Palacio de Planalto, las hordas de corte fascista agujerearon seis veces el cuadro principal que allí se expone, que con el nombre de As mulatas, (Las mulatas) es obra de otro grande de la cultura de Brasil, Emiliano Augusto Cavalcanti de Albuquerque e Melo, más conocido como Di Cavalcanti, pintor, ilustrador, caricaturista y muralista brasileño.

De igual forma, en el Congreso, un edificio icónico con dos altas torres alzadas sobre dos cúpulas, una de ellas invertida, resultó dañada la vidriera Araguaia, obra de la artista franco-brasileña Marianne Peretti, vitralista y única mujer que trabajó junto a Niemeyer en la construcción de Brasilia.

Podrían ser agravantes estas circunstancias, a la hora de que, quienes atacaron y destruyeron parte de las edificaciones donde radica el poder en Brasil, les sean sumados cargos culposos por haberse involucrado en una acción anticultural, al peor estilo de lo hecho por las hordas nazis en muchas capitales de la cultura europea y mundial.