El #arte de enseñar el arte: motor impulsor de la #Culturacubana

La Habana, 7 jun (Prensa Latina) Cuando un día como hoy en 1962 Fidel Castro creó una institución para la enseñanza artística en Cuba, los hijos más humildes de este suelo tendrían muevas oportunidades y la cultura su principal impulsor.

   El arte de enseñar el arte tomaría forma en la creación de la Escuela Nacional de Arte (#ENA) y en su seno crecerían maestros y estudiantes durante el complejo y rico proceso que es el magisterio en sí mismo.

    La idea de encontrar el talento en lugares insospechados rompería con los vestigios de una sociedad que favorecía a la clase con altos recursos económicos y ahora mostraba un proyecto social para repartir el arte entre todos y por igual.

   A 60 años del hecho, la formación de artistas en Cuba mantiene intactos sus principios históricos e ideológicos y rediseña objetivos en función del perfeccionamiento y el crecimiento profesional de los estudiantes.

   El Programa de Desarrollo de la Enseñanza Artística 2019-2030 trazado en Cuba establece la instrumentación de la política cultural, que busca elevar la estabilidad y la preparación política, artística, científica y pedagógica del claustro.

   Sus bases contemplan, además, una estrategia de Relaciones Internacionales que genera mecanismos de cooperación e intercambio académico para la preparación política, científica, humanista y ética de los estudiantes, profesores y trabajadores no docentes.

   La calidad, sensibilidad, entrega, los valores éticos y el potencial de los maestros cubanos y egresados del sistema de enseñanza artística es innegable en cada uno de los eventos donde Cuba se hace presente.

   En palabras del Ministro de Cultura, Alpidio Alonso, las realizaciones que podemos exhibir en el terreno artístico y cultural nos enorgullecen y son el fruto del trabajo y del rigor de ese sistema extendido a todo lo largo y ancho del país.

   La fundación de la ENA, incorporada al sistema de educación gratuita que traería la Revolución Cubana de 1959, trazó el camino para impulsar también la Revolución Cultural.

   El gobierno crearía así las bases de la fortaleza artística que constituyen hoy los ocho mil 657 estudiantes de las seis escuelas nacionales, cuatro regionales y 27 provinciales de la nación.

    Por tales razones, este 7 de junio es motivo de festejos y agradecimiento a quienes ponen conocimientos y alma a disposición de las nuevas generaciones de creadores y, en consecuencia, en defensa de la identidad cultural cubana.

Hermanos del alma

La frase de “hermanos del alma” la escuché por primera vez de Katiuska Blanco, al referirse a ese vínculo espiritual tan intenso existente entre Raúl y Fidel, una conexión que va más allá de la sangre común, el cariño, la admiración y el respeto, pues tiene que ver con la manera en que esos dos seres abrazaron la causa revolucionaria, compartieron juntos todos los peligros y sacrificios, enfrentaron y superaron todo tipo de obstáculos, y quedaron aun más unidos para siempre, no solo entre ellos, sino en el alma misma de la patria.

“Ser hermano de Fidel, es un privilegio—expresó Raúl en entrevista concedida al periodista Mario Vázquez Raña en 1993—. Siempre fue, desde la infancia, mi héroe; porque de todos los hermanos, yo soy el cuarto. Está una hermana, la mayor, después Ramón, un año después Fidel, cinco años después yo. O sea, que él, llevándome cinco años, era mi hermano inmediato superior. Y siempre fue mi héroe, mi más cercano compañero, pese a la diferencia de edad”.[i]

Existen numerosas anécdotas de cómo esa relación especial entre ellos germinó desde el seno familiar en Birán, en los colegios Hermanos de La Salle y Dolores en Santiago de Cuba y alcanzó su máximo esplendor a partir de la radicalización del pensamiento revolucionario de ambos y la decisión de unir su suerte por un destino verdaderamente luminoso para Cuba.

Siendo apenas un adolescente, ya Raúl se cuestionaba la realidad social que percibía en el entorno de Birán, rodeado de propiedades y empresas estadounidenses, ideas que compartía con los trabajadores de la zona y que de una u otra forma llegaban a oídos de su padre. Preocupado por esta situación, Ángel Castro decidió entonces confiar a Fidel la formación de Raúl y aceptó que lo llevara a La Habana bajo su responsabilidad. El resultado fue que Fidel se convirtió en el principal educador político de Raúl. El primer libro que le dio a leer fue El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Federico Engels, luego otros que estimularon las inquietudes políticas del joven Raúl, y aunque se hizo comunista por voluntad propia, no hay dudas de que la influencia de su hermano fue fundamental.

Mas Raúl no se ganó el lugar que hoy ocupa en la historia por ser hermano de Fidel, —de hecho, este último evitó siempre que hubiera favoritismos y condescendencias en ese sentido— sino por mérito propio, a partir de su determinación y firmeza al actuar en momentos cruciales. Así fue durante las acciones del 26 de julio de 1953 en el Palacio de Justicia en Santiago de Cuba, cuando en una acción de audacia extrema desarmó a un sargento que dirigía una patrulla de militares en el preciso momento que detenía a sus compañeros; así tomó el mando de la situación.

“En el caso del compañero Raúl—recordó Fidel en la clausura del primer congreso del Partido el 22 de diciembre de 1975—, en realidad es para mí un privilegio que, además de un extraordinario cuadro revolucionario, sea un hermano. Esos méritos los ganó en la lucha y desde los primeros tiempos.  La relación familiar sirvió para que lo enrolara en el proceso revolucionario, lo invitara al Moncada¡Ah!, pero cuando allí, en la Audiencia de Santiago de Cuba llega una patrulla y los hace prisioneros, si Raúl no hace lo que hizo en ese instante, hace mucho tiempo que no existiría Raúl, que fue quitarle la pistola al jefe de la patrulla y hacer prisionera a la patrulla que los había hecho prisioneros a ellos. Si no hace eso, a todos ellos los habrían asesinado algunas horas después en el Moncada. Y ese fue el comienzo. Y la prisión, y el exilio, y la expedición del «Granma», y los momentos difíciles, y el Segundo Frente, y el trabajo desplegado durante estos años”.[ii]

Después del asalto al Moncada, Raúl y Fidel volverían a verse en la entrada de la cárcel de Boniato. Aunque no pudieron intercambiar palabra alguna o darse el abrazo anhelado, el hecho de saber cada uno que el otro vivía, produjo en ambos inmensa alegría. Raúl no olvidaría jamás ese momento, pues Fidel no se veía para nada derrotado, todo lo contrario, “allí estaba él con una dignidad y una estampa de firmeza e hidalguía tremenda”.[iii] No sería el único momento en que tendría lugar una escena muy similar, el 18 de diciembre de 1956, al reencontrarse en Cinco Palmas luego del desembarco del Granma y la dispersión provocada en la tropa rebelde por la sorpresa de Alegría de Pío, el propio Raúl ha contado que pensó en sus adentros que Fidel se había vuelto loco al escucharlo exclamar: ¡ahora sí ganamos la guerra¡, por el hecho de haberse reunido 8 hombres y 7 fusiles en aquel lugar memorable.

Ya para ese momento ambos hermanos habían compartido la experiencia de la prisión y el exilio. En México había peligrado todo el esfuerzo realizado por organizar una expedición a Cuba al ser apresado Fidel y una significativa parte de la dirección del Movimiento 26 de Julio. Raúl se había destacado sobremanera al desplegar una enardecida e infatigable labor por lograr la excarcelación de Fidel y sus compañeros.

Durante la lucha en las montañas de la Sierra Maestra Fidel se preocupaba por la vida de su hermano más pequeño, pero no menor era el desvelo de Raúl por la de Fidel. Cuenta Guillermo García de un incidente ocurrido después del combate de La Plata, el 17 de enero de 1957, cuando uno de los combatientes se negó a entregar el fusil y las balas que se habían ocupado a los enemigos e incluso rastrilló su arma y apuntó en forma amenazante a Fidel; señalando: “Este Springfield y la canana con cien balas lo cogí yo…si quieres el fusil ven a cogerlo”. De inmediato -relata Guillermo- Raúl dio un salto y cayó delante del fusil: “Si quieres, dispárame a mí, pero a Fidel no”.[iv]

Raúl va a estar de manera inseparable junto a Fidel en las principales acciones de la guerrilla, se destacó y ganó prestigio ante la tropa rebelde por su valentía, disciplina y compañerismo. El hoy Comandante de la Revolución, Delio Gómez Ochoa, que integró la columna número uno en la Sierra Maestra sostiene que si Raúl no tuvo más participación en acciones de mayor peligro en esa etapa fue porque Fidel trataba de preservarlo, pues sostenía ya desde ese momento que “Raúl era la gran reserva de la Revolución”.[v]

No obstante, no era posible resistirse ante el ímpetu de lucha de Raúl, el 27 de febrero de 1958, Fidel lo asciende a Comandante y lo nombra Jefe de la Columna 6, con la misión de fundar el II Frente. Raúl, que había conocido de la decisión días antes, apuntó en su diario de campaña: “Caminando con Fidel por el patio de la casa, me informó que escogiera 50 hombres para realizar la misión que le pedí una vez. Me volví loco de contento y empecé a trabajar preparando la gente. Le puse por nombre “Operación Frank País García”, en honor al inolvidable combatiente”.

La apertura del Segundo Frente se convertiría en una de las hazañas militares más significativas de la guerra de liberación, en la zona de operaciones asignada crecería aún más el liderazgo de Raúl, que mostró sus dotes no solo como estratega militar, sino como organizador. El Segundo Frente en materia de organización puede considerarse la simiente de la futura institucionalidad de la Revolución, Fidel lo definiría como «modelo de organización, administración y orden».

Raúl también tendría una destacada participación, junto a Fidel y el Comandante Juan Almeida Bosque, en las operaciones que dieron cerco a la ciudad de Santiago de Cuba y a las contundentes victorias del Ejército Rebelde en el mes de diciembre de 1958, que constituyeron la antesala del triunfo revolucionario. Raúl había vuelto a encontrarse con Fidel el 18 de diciembre en La Rinconada, sede de la Comandancia del Ejército Rebelde. “Volvemos a La Rinconada —escribiría Almeida en sus memorias—, a una reunión para ultimar planes para la ofensiva final ante el tambaleo del régimen. Están presentes todos los representantes del Movimiento 26 de Julio en el país que pudieron asistir. Vemos a Raúl después de su largo abrazo con Fidel, tras nueve meses de su salida de La Pata de la Mesa. En su zona ha dejado un frente consolidado y realiza una ofensiva arrolladora. Viene acompañado de Vilma y Piñeiro”.[vi]

Llegada la hora del triunfo revolucionario Raúl se encargaría de tomar todas las medidas pertinentes para proteger la vida de Fidel en el trayecto de la Caravana de la Libertad por toda la Isla. Otra tarea que cumplió con gran amor y responsabilidad. Encargaría al frente de esa misión a uno de sus mejores hombres, al Comandante Antonio Enrique Lussón Battle.

Es así que cuando triunfa la Revolución, Raúl había acumulado méritos suficientes para constituir el segundo hombre en la dirección del Movimiento 26 de Julio, ratificado además en acto público por el pueblo en fecha tan temprana como el 21 de enero de 1959, al ser propuesto directamente por Fidel:

“Y para tomar las medidas de precaución, porque aquí hay que estar prevenidos contra todo, le voy a proponer a la Dirección del Movimiento 26 de Julio, que designe al compañero Raúl Castro, Segundo Jefe del Movimiento 26 de Julio (APLAUSOS).Lo hago, no porque sea mi hermano—que todo el mundo sabe cuánto odiamos el nepotismo— sino porque, honradamente, lo considero con cualidades suficientes para sustituirme en el caso de que yo tenga que morir en esta lucha; porque, además, es un compañero de muy firmes convicciones revolucionarias, que ha demostrado su capacidad en esta lucha, que fue de los que dirigió el ataque al Moncada, de los que estuvo dos años en la cárcel, de los que organizó el Segundo Frente “Frank País”, y de los que han dado relevantes pruebas de capacidad como organizador y como líder (APLAUSOS).

(…)

Y al plantear aquí la necesidad de que el pueblo esté alerta y esté prevenido contra cualquier agresión en la persona de uno de sus dirigentes, al plantear aquí esa necesidad, lo hago con una honrada convicción, de hombre que le preocupa no solo el presente sino también el futuro de la patria, de hombre que le preocupa la patria no solo mientras viva sino también cuando muera (APLAUSOS).  Y al plantear aquí que considero que el compañero Raúl Castro podría sustituirme en este caso, no es que yo decida unilateralmente, sino yo quiero consultar con el pueblo si está de acuerdo (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”).[vii]

Tres años más tarde, en 1964, en entrevista que le ofreciera Ernesto Che Guevara a la periodista estadounidense Lisa Howard, al preguntarle esta última sobre quién podría sustituir a Fidel, el destacado Comandante respondió: ¿Quién lo reemplazaría?  Sería una cuestión a discutir posteriormente.  Nosotros no hacemos esa clase de análisis ahora, ni tenemos ninguna aspiración ninguno de nosotros; pero lógicamente su hermano Raúl, no por ser su hermano, sino por sus propios méritos, es el viceprimer ministro y es el más indicado entre nosotros para seguir el mismo rumbo de la Revolución Cubana”.[viii]

Otros momentos de la historia de la Revolución unirían indisolublemente a Fidel y Raúl, como fue aquel en que Raúl sufrió un accidente cuando sobrevolaba en avioneta la Ciénaga de Zapata y Fidel salió de inmediato a su rescate, o cuando Fidel en medio de un importante discurso el 6 de agosto de 1960 perdió transitoriamente la voz —afónico por un catarro— y Raúl en un gesto memorable tomó el micrófono y pronunció palabras que emocionaron profundamente a todo el auditorio, pero también habría que mencionar Girón; la Crisis de Octubre; la lucha contra Bandidos; la batalla contra el sectarismo, las conspiraciones y traiciones; las misiones internacionalistas; el enfrentamiento a la política agresiva de los distintos gobiernos estadounidenses; la Revolución en toda su dimensión tanto en el plano doméstico como internacional; el Período Especial; la lucha por el regreso de Elián y los Cinco Héroes; entre muchísimos otros. Para suerte de Cuba y los cubanos, durante décadas de lucha ambos líderes se complementaron las tareas de tal forma, que multiplicaron por diez la fuerza del impulso revolucionario.

Cuando llegó la hora de asumir las máximas responsabilidades del Estado y el gobierno en el año 2008, Raúl destacó: “Fidel es Fidel, todos lo sabemos bien, Fidel es insustituible y el pueblo continuará su obra cuando ya no esté físicamente. Aunque siempre lo estarán sus ideas, que han hecho posible levantar el bastión de dignidad y justicia que nuestro país representa”.[ix]

El 25 de noviembre de 2016 se produjo la partida física del Comandante en Jefe, pero en su lugar quedó su más fiel y experimentado discípulo, el más fidelista de todos los cubanos, que desde su singularidad —Fidel es Fidel, y Raúl es Raúl[x]— ha mantenido viva la fuerza de la Revolución, abriéndole paso con seguridad y confianza a la continuidad creadora que representa nuestro presidente Miguel Díaz Canel, que ha bebido de esos dos manantiales de sabiduría, ejemplos imperecederos de hermandad en la lucha contra todos los imposibles, que siguen demostrándonos cada día “que sí se pudo, sí se puede y se podrá superar cualquier obstáculo, amenaza o turbulencia en nuestro firme empeño de construir el socialismo en Cuba, o lo que es lo mismo, ¡garantizar la independencia y la soberanía de la patria!”.[xi]

Notas

[i] Entrevista concedida por el General de Ejército Raúl Castro Ruz al señor Mario Vázquez Raña para el periódico El Sol de México, 21 de abril de 1993.

[ii] Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del gobierno revolucionario, en la clausura del Primer Congreso del Partido, celebrado en el teatro “Carlos Marx”, el 22 de diciembre de 1975, “Año del Primer Congreso”.  (Departamento de versiones taquigráficas del gobierno revolucionario).

[iii] Katiuska Blanco, Todo el tiempo de los cedros, Casa Editorial Abril, Ciudad de La Habana, p.319.

[iv] Guillermo García Frías, Encuentro con la verdad, Casa Editorial Verde Olivo, Ciudad de La Habana, 2010, p.93.

[v] Wilmer Rodríguez Fernández y Elier Ramírez Cañedo, entrevista al Comandante de la Revolución, Delio Gómez Ochoa, 2 de mayo de 2019.

[vi] Juan Almeida Bosque, La Sierra y más allá, Casa Editorial Verde Olivo, La Habana, 2008.

[vii] Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, en la magna concentración popular, en el palacio presidencial, el 21 de enero de 1959, “Año de la Liberación”. (Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro).

[viii] Entrevista a Ernesto Che Guevara, Ministro de Industrias, realizada por Lisa Howard, el 12 de febrero de 1964, véase en Elier Ramírez Cañedo, El Che y las relaciones Estados Unidos—Cuba en los años sesenta, Editorial Ocean Sur, p.169.

[ix] Discurso en las conclusiones de la sesión constitutiva de la VII legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Palacio de las Convenciones, La Habana, 24 de febrero de 2008, en periódico Granma, La Habana, 25 de febrero de 2008, p. 2

[x] Si durante los años como Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias durante casi 49 años, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y Ministros, Raúl dejó una huella trascendente en la historia del proceso revolucionario cubano después de 1959, no se puede contar la historia más reciente sin hablar de su papel como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y Primer Secretario del Partido en la conducción de los más importantes procesos de cambios para actualizar y perfeccionar el modelo socialista cubano de las últimas décadas, desde los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución, la nueva Ley Migratoria y la nueva Constitución de la República, por solo mencionar algunos ejemplos. Tampoco puede dejar de mencionarse su destacada labor en el escenario internacional desde la presidencia pro témpore de la CELAC, el proceso de paz en Colombia y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, hechos todos que marcan la época contemporánea. Raúl siempre ha rehuido las menciones y homenajes, pero su historia de vida y lucha merece ser más divulgada y conocida entre las nuevas generaciones de cubanos.

[xi] Discurso del General de Ejército, Raúl Castro Ruz, en homenaje póstumo al Comandante en Jefe, el 3 de diciembre de 2016.

De resistencia, creatividad y #patriotismo, de eso estamos hechos los #cubanos

«Tengo el corazón, ya con 91 años, lleno de alegría», dijo el líder de la Revolución Cubana, General de Ejército Raúl Castro Ruz, al terminar el desfile por el 1ro. de Mayo, en la Plaza de la Revolución de La Habana, según muestra un video en redes sociales

La continuidad que la Revolución Cubana tiene en la conducción y presencia vital de sus líderes, el pueblo la confirma en la obra cotidiana de resistencia creativa. Foto: Estudios Revolución

Mayo amaneció cargado de esperanza, inundado por una avalancha patriótica. Una vez más, los firmes pasos de millones de cubanos anduvieron orgullosos en apretado cuadro, para barrer así cualquier fantasía, si alguna le quedaba al enemigo, de que este pueblo fuera capaz de dar la espalda a su Revolución.

Qué mejor fecha para tal demostración de acompañamiento a nuestra obra que el Día Internacional de los Trabajadores. No solo por hermosa tradición salimos a las calles, sino porque este es un país de hombres y mujeres que no se sientan a observar cómo transcurre el presente, o a pensar desde el inmovilismo en lo que depara el futuro; sino que trabaja, con nobleza y entrega, para que ambos tiempos sean mejores.

Dos años muy duros precedieron esta fecha, y aunque jamás dejamos de celebrarla, desde escenarios hogareños y virtuales, volver a las plazas y calles del país, a caminar unidos, tomando por bandera los principios que juntos defendemos, que son el motor que nos impulsa, era sin dudas un anhelo que latía en el alma de todos los revolucionarios.

Un 1ro. de Mayo de encuentros, de alegrías, de confianza en lo que somos capaces de lograr como nación. Un 1ro. de Mayo de homenaje justo al sacrificio colectivo que nos permitió dos grandes hazañas: sobrevivir a la peor pandemia que ha vivido la humanidad en el último siglo, y hacerlo sin descuidar jamás la defensa de la Patria, pues los enemigos se dispusieron a hacernos morder el polvo (aunque como de costumbre, siempre que lo intentan, son ellos los que terminan en esa triste postura).

Lo cierto es que ni el virus natural ni el del odio impidieron que se mantuviera activa la masa trabajadora cubana, y para eso se buscaron disímiles estrategias y alternativas. Así, con el esfuerzo de quienes nunca descansaron, a pesar de las innegables limitaciones económicas, se mantuvieron a flote los servicios indispensables, la producción de bienes necesarios para evitar la asfixia económica auspiciada por el bloqueo de EE. UU. y respaldar las necesidades básicas de todo el pueblo.

La valía de los trabajadores cubanos brilló dentro del personal de la Salud, que no solo protegió a toda costa la vida del pueblo, arriesgando la suya propia, sino que dio las más elevadas muestras de internacionalismo y solidaridad.

También son nobles trabajadores los talentosos y entregados científicos que, con su desvelo y dedicación ilimitada, nos regalaron el enorme privilegio de contar con vacunas propias, en un mundo desigual e injusto donde también se negoció con lo que debía ser un derecho inalienable.

#Cuba y el día después

 Los cubanos disfrutan hoy de un feriado bien ganado, luego de la jornada en la que volvieron a las plazas de todo el país para celebrar del Día Internacional de los Trabajadores.

Fue especial, a pesar de que la fecha tradicionalmente ocurre aquí con la movilización de millones de ciudadanos, que en la efeméride reafirman su apoyo a la Revolución en el poder desde el 1 de enero de 1959.

Esta vez se puso fin a dos años de cuarentena para tales actos masivos, decidida por la pandemia de la Covid-19.

La Plaza de la Revolución de La Habana y otras muchas del país fueron desbordadas en uno de los días en que el Ministerio de Salud Pública reportó cifras de las más bajas de contagios de la enfermedad en muchos meses.

No resultó casual que fueran los trabajadores de la Salud quienes encabezaron los desfiles en toda la geografía nacional.

También el reconocimiento y participación de los hombres y mujeres de Ciencia, en particular aquellos responsables de desarrollar y producir las vacunas antiCovid que distinguen a Cuba a nivel mundial contra el coronavirus causante de la pandemia.

La cita en esta isla resultó distinta a otras que en diversas latitudes fueron contra gobiernos y políticas lesivas a los derechos laborales y ciudadanos.

No hubo en La Habana ni en otras ciudades o localidades de la isla gases lacrimógenos ni enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Las pancartas por acá iban contra el bloqueo de Estados Unidos y en apoyo al proceso revolucionario y sus dirigentes que -otra diferencia- fueron parte de los desfiles.

En la Plaza de la Revolución estuvieron el líder de la Revolución, Raúl Castro, y el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, por demás vitoreados.

Pareciera raro porque en esta isla sobran los problemas, dificultades y penurias, en un país que brega contra más de 60 años de cerco económico, comercial, financiero y más, y reforzado por su ejecutor, el gobierno de Estados Unidos.

También debe resultar ajeno para quienes auguraron la baja movilización ciudadana y lo alentaron al apostar a que Cuba es aquella que vivió los incidentes de julio del año anterior, cuando desde fuera alentaron protestas y actos de vandalismo.

Hay cosas que no cambiaron desde entonces, entre ellas, planes de desestabilización para subvertir el orden y provocar un estallido social, pilares de la hostilidad de Washington, según denuncia La Habana.

Pero el gobierno cubano no quedó de brazos cruzados. Las pilas se encendieron y llegó hasta barrios vulnerables, entre otras muchas acciones decididas en medio de un entorno económico marcado por la decisión de Washington de darle jaque mate a la Revolución.

Este 1 de Mayo millones de cubanos «desestabilizaron» la cotidiana paz de los domingos en este país, y lo hicieron antes muchos testigos venidos de diferentes lares del planeta.

Por eso las múltiples banderas de otras naciones que acompañaron las marchas, y sobre todo por los cientos de activistas foráneos que vinieron para celebrar aquí el Día Internacional de los Trabajadores.

Ellos llenaron los acceso de la tribuna en la principal plaza habanera y del país.

Desde allí colombianos, venezolanos, alemanes, canadienses, estadounidenses, uruguayos y de otras muchas nacionalidades interactuaron con el pueblo y también fueron responsables de que la marcha se atascara por momentos.

Son los protagonistas del Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba, que culminará hoy en el Palacio de Convenciones de esta capital.

Hoy la mayoría de los cubanos descansa. Por ley, el feriado se traslada al lunes. Será la antesala de otra jornada de trabajo y resistencia creativa, como se leía en pancartas durante el desfile.

Las palabras y los actos: sobre «izquierdosos amigos del #Imperialismo»

Enciendes el intermitente que indica que tomarás el carril de la izquierda, y doblas a la derecha. El truco es viejo. Ni las luces, ni las palabras, son definitorias: lo son las acciones. Cuando quieres destruir una Revolución victoriosa porque dices que no es perfecta, cuando colaboras en ese empeño con el imperialismo y después, intentas impedir que aquella se defienda, cuando obstaculizas cualquier proceso de corte nacionalista (necesariamente antimperialista, en países neocolonizados) en contubernio con la derecha o te alías a la OTAN en sus intentos para conservar o recuperar la hegemonía imperialista, militas en la derecha.

Da igual si te autodenominas libertario o te crees trotskista. No es posible asociar el nombre del revolucionario León Trotsky, quien llegó a decir desde su exilio mexicano que, si los nazis invadían la URSS, él iría a defenderla, con estos parásitos de la doctrina. No basta con que nos declaremos contrarios al bloqueo, si nuestras acciones han sido diseñadas para justificar su recrudecimiento o incluso, para justificar una invasión armada.

Conozco a algunos de esa calaña: aprobaron las intervenciones de la OTAN (del imperialismo estadounidense) en el Medio Oriente en nombre de la democracia, y ahora firman condenas a la Revolución cubana —que los acogió, cuando sus vidas flotaban en el limbo exclusivo de las palabras—, porque, caramba, se defiende y no se deja intimidar.

En la sala de mi casa, y ante mi observación de que entonces, según su concepto, la OTAN debería intervenir en su país de origen (miembro activo de la OTAN), donde las masas indignadas ocupaban de forma indefinida el centro de la capital, uno de esos firmantes respondió sin asomo de vergüenza: no, porque mi país es una democracia. Esa y otras “democracias” análogas, apalean a los manifestantes en las calles, los balean y los enjuician duramente. En los Estados Unidos, cuyo gobierno se arroga el derecho de definir quién es y quién no es democrático, como recuerda nuestro canciller Bruno Rodríguez, “1009 personas fueron asesinadas a tiros por la policía en 2021”.

También los hay en el patio: utilizan el lenguaje de la izquierda, hablan desde un centro supuestamente equidistante de todas las militancias, y actúan según el guión imperialista. Estos “izquierdistas” que se indignan con la justicia revolucionaria que responde a los actos de violencia, al intento planificado de subvertir el socialismo libremente elegido por el pueblo —algunos firmaron la primera versión de un documento que los delataba, porque no mencionaba siquiera la existencia del bloqueo, y después se unieron al que una mente más sinuosa elaborara, con las variables adecuadas: hay bloqueo, pandemia, pero la Revolución tiene la culpa—, son recibidos con entusiasmo en los palacetes de la derecha, donde anarquistas e imperialistas, socialdemócratas y neoliberales, bailan tomados dulcemente de la mano para, aseguran, construir una Cuba “inclusiva”. Digámoslo como es: con sus errores, virtudes y defectos, hemos sorteado y rebasado en lo posible el bloqueo y la pandemia, gracias a que existe una Revolución.

Pero la puesta en escena distribuye papeles. Una activista contrarrevolucionaria de las artes visuales (artivista le gusta llamarse) interpreta un personaje rico en matices: se une a la declaración (es la acción que la define) y después dice no estar de acuerdo con los términos utilizados por los firmantes “de izquierda” (su tarea es hacerlos creíbles, pero son solo palabras).

Ante una acción y unas palabras, me quedo con la acción. Pero es interesante saber que para ella el bloqueo no existe, que en cualquier caso debe llamarse embargo, como le dijo que dijera el Departamento de Estado de los Estados Unidos. El truco, ya lo dije, es viejo.

“La Agencia llevaba tiempo dándole a una idea —escribe Frances Stonor Saunders en su documentado libro La CIA y la Guerra Fría Cultural—: ¿Quiénes mejor que los ex comunistas para luchar contra los comunistas? (…) Por supuesto, para la CIA, la estrategia de promover a la izquierda no comunista habría de ser el ‘fundamento teórico de las operaciones de la Agencia contra el comunismo durante las siguientes dos décadas’”.

Pero estos izquierdosos amigos del imperialismo —los juzgo por sus actos, no por sus palabras—, no ejercen la democracia que predican. Están molestos con la emergencia de una nueva generación de jóvenes revolucionarios, audaces e inteligentes, que tiene su propio lenguaje, sus códigos de conducta, que asume la continuidad no de las formas, ni de las metas alcanzadas; sino del esfuerzo colectivo por conquistar nuevos cotos de justicia y dignidad, que son los principios básicos que sostienen la Revolución. Jóvenes que saben que sin la Revolución en el poder nada podría hacerse.

Los vi en la ciudad de Matanzas, cuando la pandemia azotó esa provincia como huracán de máxima intensidad; eran directores de hospitales y de centros de aislamiento, ingenieros ocupados en hacer más funcional y rápida la distribución de camas, estudiantes universitarios convertidos en ayudantes de limpieza y de cocina en zona roja, boteros que ofrecían sus almendrones para el traslado de los sospechosos de estar enfermos, soldados y oficiales que transportaban balones de oxígeno.

Eran también los científicos que trabajaban codo a codo con otros más veteranos en la concepción y producción de vacunas, o de respiradores artificiales hechos en casa. Todo el odio se centraba en esos muchachos que destruyen el relato de una juventud cubana apática y descreída, y vencen el bloqueo, no con palabras, sino con actos.

Uno de esos jóvenes, irónico y sagaz, que hace valer el nombre de su programa de televisión Con Filo, ha sido invitado a participar en un evento sobre Cuba organizado por la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido. Los odiadores han escrito cartas para impedirlo. La democracia que defienden se siente amenazada ante sus verdades simples y rotundas. Algunas firmas se repiten —sin principios rectores, cualquier documento es bueno para canalizar el odio—, pero no quiero citar nombres. Un conocido escritor y cineasta fue lapidario en su comentario a la carta:

“El programa podrá ser mejor o peor, pero impedir al locutor asistir a un evento solo por eso es oscurantismo y fascismo”.

No puedo dejar de sonreír, al pensar con pena en los burgueses destronados y sus viejos y nuevos ideólogos que durante seis décadas han pedido, cada 31 de diciembre, la reconquista de sus antiguos privilegios en Cuba.

Sus libros anuncian “la hora final” de Castro, sus blogs prometen que estos serán nuestros “penúltimos días”, sus canciones proclaman la llegada del día final. Preparan para luego deshacer, ante cada fiasco, las maletas del regreso, así sea la invasión mercenaria de Playa Girón, la caída del Muro de Berlín, o la partida física de Fidel. Tratan de engañarnos y se autoengañan. El afiche de Ares, “Cuba postcastro”, provoca en ellos la mayor de las pesadillas: el rostro de Fidel aparece multiplicado, convertido en pueblo.

#ReinoUnido conspiró con la #CIA para asesinar a #FidelCastro

El histórico revolucionario y líder cubano Fidel Castro sobrevivió a más de un intento de asesinato durante su existencia. Fidel pasó la mayor parte de su larga vida en el punto de mira, sobreviviendo a medio siglo de planes de asesinato. Pero a pesar de los intentos desesperados de sus detractores, él murió por causas naturales a los 90 años.


Los 638 intentos de asesinato, según el registro de los servicios de inteligencia cubanos, fueron planificados y llevados a cabo por el gobierno de Estados Unidos a través de la CIA, así como de los opositores cubanos y grupos mafiosos instalados en Miami, descontentos porque Castro acabó con el negocio de los famosos casinos y burdeles de La Habana tras la victoria de la revolución.

Si bien las constantes amenazas de muerte formuladas por Estados Unidos contra el líder cubano son de conocimiento público, lo que no se conocía con exactitud era la colaboración del gobierno del Reino Unido en los planes, y sin embargo, no resulta ninguna sorpresa.

#Cortés en la #música, fiel a la #Patria (+ Video)

………«Gracias a Fidel Castro yo tengo una carrera y por eso vine a regalarle esta Canción para un amigo. Gracias a su idea de crear un sistema de enseñanza artística al alcance de todos»……..

«Hoy la noticia de su muerte nos golpea duramente. Tiene que estar de luto la cultura cubana. Ha muerto un fruto talentoso de la Escuela Nacional de Arte, un hijo humilde y legítimo de la  Revolución Cubana», escribió en su cuenta de Twitter, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido

Un nuevo golpe brutal ha encajado la música cubana: en horas de la tarde de este lunes un paro cardíaco tronchó, a los 70 años de edad, la existencia de José Luis Cortés, uno de los mayores íconos de la cultura popular cubana.

El muchacho del barrio del Condado, de Santa Clara, que llegó a la Escuela Nacional de Arte con sus inquietudes creativas a flor de piel y que por usar un calzado rústico de una talla mayor a la suya le apodaron El Tosco, epíteto que alcanzó nombradía universal, que se movió con igual soltura y altura en la flauta clásica y popular, fichado por Juan Formell para Los Van Van y Chucho Valdés para Irakere –quién no recuerda su fabuloso Rucu rucu a Santa Clara–, protagonizó uno de los más intensos procesos renovadores de la música cubana cuando en 1986 y 1987 grabó cuatro discos en los estudios de la Egrem Siglo I ane; Siglo II ane; Abriendo el ciclo y A través del ciclo, en el que agrupó los más brillantes ejecutantes y vocalistas del momento, muchos de ellos de nueva promoción.

Ese fue el germen de NG la Banda –la Nueva Generación–, orquesta que estrenó en 1988 y con la que tejió una impresionante saga de hallazgos. Si el son derivó en la llamada timba, movimiento que cristalizó y definió la música cubana bailable a partir de los 90, se debió en gran medida al talento de El Tosco como compositor, orquestador y director orquestal, y a su olfato para encauzar oficios y voluntades en torno a su proyecto. La prueba está en la consistencia de la sección de vientos –los metales del terror–, la eclosión ritmática de la sección percutiva, y el sabor de sus vocalistas, encabezados por el siempre leal Tony Calá.

Los músicos, los bailadores y todo aquel que se sumergió en sus invenciones sonoras coincidieron en otorgarle a José Luis el puesto conquistado en la vanguardia de nuestro tiempo. Orlando Vistel, presidente de la Asociación de Músicos de la Uneac, al comentar el suceso luctuoso, expresó: «Hemos perdido a un creador de la más alta jerarquía, cuyo legado encierra un valor incalculable que estoy seguro se acrecentará con los años». En 2017 fue reconocido con el Premio Nacional de la Música y la Universidad de las Artes le confirió el diploma de Mérito Artístico.

NG comenzó a dejar una huella discográfica notable apenas un año después de su fundación con No te compliques. En la década de los 90 Échale limón y Veneno hicieron época. La crónica social más enardecida convivió desde entonces con las instrumentaciones imaginativas, al estilo de Mambo Murakami. Esa fue una constante en la obra de José Luis; en el álbum doble Mis 22 años, que lanzó en 2011 y al que convocó a decenas de brillantes colaboradores, se puede escuchar junto a Lucha luchador y Si yo tuviera una extraordinaria versión jazzeada de la Danza del fuego, de Manuel de Falla. En las noches de la Casa de la Música de Miramar, por largos años su plaza, antes de complacer a losiibailadores, solía abrir la tanda con España, de Chick Corea.

El músico siempre se asumió como patriota. Ahí está la imagen suya entonando una melodía con la flauta ante el lugar que guardan las cenizas de Fidel en Santiago de Cuba. «Gracias a Fidel Castro yo tengo una carrera y por eso vine a regalarle esta Canción para un amigo. Gracias a su idea de crear un sistema de enseñanza artística al alcance de todos», dijo aquella inolvidable mañana en Santa Ifigenia.

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«El racismo, la discriminación racial y la xenofobia constituyen un fenómeno social, cultural y político, no un instinto natural de los seres humanos; son hijos directos de las guerras, las conquistas militares, la esclavización y la explotación individual o colectiva de los más débiles por los más poderosos a lo largo de la historia de las sociedades humanas», sentenció Fidel

Autor: Pedro de la Hoz 

Obra de Lebogang Mashile.

A las puertas de la sesión conmemorativa del vigésimo aniversario de la adopción de la Declaración y el Programa de Durban contra el Racismo y la Discriminación Racial, que reunirá a líderes de la comunidad internacional el próximo 22 de septiembre en la sede de las Naciones Unidas, sería muy conveniente volver a las palabras pronunciadas por Fidel en la ciudad sudafricana.

El primer día de septiembre de 2001, el líder de la Revolución cubana habló, como era de esperar, claro y fuerte, como portavoz no solo de sus convicciones sino de la moral de un país comprometido con la erradicación de todo vestigio y práctica discriminatoria y de las aspiraciones de millones de seres humanos urgidos de reparación, equidad, justicia e inclusión.

«El racismo, la discriminación racial y la xenofobia constituyen un fenómeno social, cultural y político, no un instinto natural de los seres humanos; son hijos directos de las guerras, las conquistas militares, la esclavización y la explotación individual o colectiva de los más débiles por los más poderosos a lo largo de la historia de las sociedades humanas», sentenció Fidel entonces para siempre.

Estados Unidos e Israel boicotearon la conferencia de Durban, soberbiamente irritados por las voces que allí se solidarizaron con la causa palestina y condenaron la represión, ocupación de tierras y desplazamientos a la fuerza del régimen sionista en la Franja de Gaza y Cisjordania, situación que no ha variado, incluso ha empeorado, en las dos últimas décadas.

Acusar de antisemitas y racistas a quienes en aquel momento abogaron por los derechos del pueblo palestino y apostaron por la convivencia pacífica, respetuosa y en pie de igual de dos estados, Palestina e Israel, fue un avieso acto de prestidigitación política, compartido por las cúpulas de Washington y Tel Aviv, al que ahora, ante la conmemoración de la cita de Durban, ha arrastrado a países bajo la esfera de influencia imperial.

El antisemitismo es tan perverso como lo fue el apartheid en Sudáfrica o las teorías y prácticas supremacistas en Estados Unidos o el rechazo antinmigrante en Europa o la violencia que sufren las comunidades afrocolombianas o la marginación a los pobladores originarios en varios países latinoamericanos.

De Durban salió un programa que instó a los Estados a elaborar,  planes nacionales e integrales de acción para erradicar el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, llamó a procurar el fortalecimiento de las instituciones nacionales y hacer recomendaciones concretas en materia de legislación nacional y la administración de la justicia, promovió medidas para abordar la discriminación en materia de empleo, salud, políticas y educación, exhortó la implementación de políticas encaminadas a combatir la incitación al odio racial en los medios de información, y sugirió tomar en cuenta instrumentos estadísticos desglosados y estimular proyectos de investigación que sustenten las acciones específicas.

En Cuba, no sin dificultades en un campo donde la subjetividad pesa y la herencia de una nación donde el colonialismo explotó la esclavitud africana y la república neocolonial reprodujo y acentuó patrones racistas, la letra y el espíritu de Durban han tomado cuerpo.

El paso más contundente y de reciente data fue dado en noviembre de 2019 cuando, por acuerdo del Consejo de Ministros, quedó instituido el Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, al que tributan 18 organismos de la administración central del Estado e igual número de organizaciones, asociaciones y fundaciones de la sociedad civil. Programa en plena construcción, complejo, integral, científicamente fundamentado, socialmente motivado y en el que se refleja el pensamiento antirracista de Fidel, en sus proyectos y acciones intervienen ministros y directivos del gobierno, académicos, escritores, artistas, activistas sociales y promotores culturales de todo el país.

Fidel lanzó en Durban tres interrogantes de absoluta vigencia a los líderes políticos del mundo: «¿Serán capaces de comprender la gravedad de los problemas del mundo actual, regido en su desarrollo incoherente y desigual por leyes ciegas, el poder colosal y los intereses de las empresas transnacionales, cada vez más grandes, más incontrolables y más independientes? ¿Comprenderán el caos y la rebelión universal que se avecinan? ¿Podrán, aunque lo desearan, poner fin al racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas, que son precisamente todas las demás?».

Centenares de millones de seres humanos esperan aún respuestas.

A escala planetaria, el abismo entre enunciación y realización permanece y crece.

#CHERNOBIL Y #CUBA. PELÍCULA #TARARÁ. (+Video)

Excelente entrevista de Daniel Devita, al director de la película Tarará, Ernesto Fontan. Nos cuentan todas las experiencias vividas por el equipo de filmación argentino, durante su estadía en Cuba para la filmacion de la película.

El documental Tarará, una muestra de la 8va. Semana del Cine Documental argentino, narra la historia de dos niños ucranianos, de los 26 000 acogidos por Cuba tras el funesto acontecimiento de Chernóbil.

Ernesto Fontan detalla todas las emociones que sintieron al entrevistar a los niños de Chernóbil, que ya hoy son hombres y mujeres que decidieron quedarse a vivir en Cuba, los médicos y enfermeras que participaron en el tratamiento de esos niños, dirigentes y trabajadores de todas las ramas que se dedicaron a salvarlos como una muestra mas de la solidaridad cubana. Ejemplo de ellos son personalidades como la doctora Aleida Guevara, hija del guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara; el trovador Silvio Rodríguez, y el fallecido escritor Roberto Fernández Retamar, entre otros.

Con una duración de poco más de una hora, Fontán recrea en su obra cómo desde una pequeña isla, los cubanos, en trabajo voluntario, acomodaron y alistaron lo que otrora era el campamento de pioneros José Martí para convertirlo en el hospital pediátrico Tarará, y el 29 de marzo de 1990, en un vuelo de Cubana de Aviación, llegaron los primeros niños.

Resaltan el asombro al descubrir, que la decisión tomada por el comandante en jefe Fidel Castro, de llevar a Cuba a miles de niños afectados por los hechos ocurridos en Chernóbil, fue justo cuando la isla pasaba por su peor momento económico, en pleno periodo especial.

A continuación, el enlace para ver la película completa de manera gratuita.

https://www.vix.com/tv/movie/movies/fc-tarara