El destino irremediable de #NuestraAmérica

#CELAC #Cumbre #Argentina

Latinoamérica y el Caribe ha vivido siglos de dura conformación de su identidad regional, batallando entre las apetencias de las potencias coloniales e imperiales y sus legítimas aspiraciones de independencia y unidad.

Hubo de sufrir primero la dominación y el saqueo de naciones europeas: España, Portugal, Gran Bretaña, Francia, Holanda, y después la presencia dominante y neocolonial de Estados Unidos.

Bolívar y los grandes próceres independentistas del siglo XIX vislumbraron en la unidad de estas tierras la única alternativa ante el poderío colonial europeo y el naciente peligro de la potencia del Norte.

«La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino. Unámonos y seremos invencibles», sentenció el Libertador en el congreso Anfictiónico de Panamá en 1823.

José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, escribiría años después en su memorable ensayo Nuestra América, cuando ya era evidente el propósito avasallador de los Estados Unidos para esta región: «¡Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes».

Pero no sería hasta casi dos siglos después de los propósitos bolivarianos de unidad, que la América Latina y el Caribe se sentarían verdaderamente a la mesa decididos a construir el difícil pero inexorable camino de la unidad. Antes, más de medio siglo antes, estuvo el convite interesado del Imperio a la concertación «panamericana», en la que impondría sus designios de hegemón y erigirían a la OEA como su espacio de dominación política en esta parte del mundo.

La I Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), celebrada en Salvador de Bahía, Brasil, en diciembre del 2008, sería el punto de arrancada para crear el primer mecanismo que integrara a las 33 naciones de Nuestra América, sin presencia extrarregional ni intereses imperialistas de por medio.

La Cumbre de la Unidad, en la Riviera Maya mexicana en 2010, marcaría los propósitos del nuevo organismo que habría de nacer, hecho concretado en la Cumbre Fundacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en diciembre de 2011 en la Caracas bolivariana.

En aquella cita, el líder venezolano Hugo Chávez señalaría: «Comunidad de Estados. No es una reunión de Gobiernos nada más… ¡Estados! Pero nosotros tenemos que hacer un esfuerzo mayor para incrementar la conciencia. La conciencia, para darnos cuenta de que este camino es el único camino, con sus variantes, con sus diversidades… la unidad entre nuestros pueblos, entre nuestros Estados, nuestras repúblicas, nuestros Gobiernos. Aceptando, insisto, y respetando, respetando nuestras diferencias. Sin permitir que la intriga cunda entre nosotros. Sin permitir que la cizaña venenosa vaya a impedir, una vez más, el esfuerzo unitario.

«Yo estoy seguro de que no nos van a descarrilar, que no va a triunfar de nuevo la cizaña, la intriga que le permitió al monroísmo imponerse y sepultar bien hondo el proyecto de Bolívar, y de San Martín, y de Morelos, y de O’Higgins, y de Artigas, y de Juana Azurduy, y de Manuela Sáenz, la Generala Libertadora. El proyecto de ellos es el nuestro hoy, y nosotros estamos obligados a realizarlo ahora, no mañana, ¡ahora y aquí…!».

A su vez, el líder cubano Raúl Castro Ruz expresaría en su memorable discurso en la cumbre: “La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños es nuestra obra más preciada. Simbólicamente, consolida el concepto de una región unida y soberana, comprometida con un destino común. En términos estratégicos, nos brinda el instrumento político requerido para aunar voluntades, respetar la diversidad, resolver diferencias, cooperar por el bien de nuestros pueblos y solidarizarnos los unos con los otros. Su éxito dependerá del carácter y la sabiduría de sus miembros, que somos las 33 naciones independientes situadas entre el Río Bravo y la Patagonia”.

Eran tiempos promisorios en la región, había un liderazgo progresista comprometido con la unidad y consciente de su importancia para enfrentar los desafíos globales y los propósitos nunca fenecidos de dominación de las grandes potencias: Chávez, Raúl, Dilma, Evo, Correa, Daniel, Cristina, Mujica y Tabaré, y los líderes caribeños, marcaron la dinámica de la organización en todos estos años.

América Latina y el Caribe, unida en su diversidad, comenzó a tener una voz respetada en los foros internacionales, se comenzó a hablar de la creación de un Banco del Sur y de proyectos regionales, la Celac se erigió como el ente para dirimir conflictos políticos de Nuestra América, se abrieron caminos de cooperación con China, la Unión Europea y otros actores extrarregionales. Seis cumbres presidenciales se han desarrollado desde la cita fundacional en Venezuela.

Pero Estados Unidos nunca ha visto con buenos ojos la integración de sus vecinos. Serían una formidable fuerza integrada que obstaculizaría sus propósitos de dominación política y de apropiación de los apetecibles recursos naturales que tiene Latinoamérica en su conjunto.

Desde 2009, con el golpe de Estado contra José Manuel Zelaya, en Honduras, hasta hoy, el Imperio y sus aliados de la derecha regional han desplegado toda suerte de herramientas políticas, mediáticas, judiciales y económicas para intentar descarrilar Gobiernos y sepultar a los líderes progresistas de la región. Paraguay, Brasil, Ecuador, Argentina, han vivido esos episodios.

De manera particular, el Imperio se inventó el Grupo de Lima, con el liderazgo interesado de los Gobiernos de Duque en Colombia, Macri en Argentina y Piñera en Chile, para aislar al Gobierno bolivariano de Venezuela del resto de la región, buscar la caída de Nicolás Maduro y ralentizar la integración latinoamericana.

No es casual que del 2017 al 2020, en tiempos de restauración de la derecha neoliberal en varios países importantes de la región, la Celac sufriera una inmovilización operativa y de propósitos, lo que, unido a los efectos de la pandemia de COVID-19, llevó hasta la ausencia de cumbres presidenciales durante todo ese periodo. El Gobierno de Bolsonaro, en Brasil, abrió una brecha importante al retirarse de la comunidad en 2020.

El liderazgo de México, primero, y después de Argentina, junto a un nuevo recambio político en la región, han propiciado la revitalización de la Celac en los dos últimos años y la reanudación de las citas cumbres. El próximo martes 24 de enero, Buenos Aires será la sede de la VII Cumbre de la Celac, con la presencia notoria de nuevos líderes en la región como el colombiano Gustavo Petro y el retorno de una figura legendaria como Luiz Inacio Lula da Silva.

El anuncio de que Brasil y Argentina planean crear una nueva moneda para sus intercambios bilaterales y el regreso de Venezuela al concierto regional son algunos de los hechos que marcan el encuentro en Argentina.

El país anfitrión, en reafirmación de la relevancia, independencia y peso global de la región, ha invitado a China, la Unión Europea y Estados Unidos a la reunión. A quien sí no se le cursó invitación fue al impresentable Luis Almagro, secretario general de la OEA, títere de los propósitos de dominación estadounidenses en la región.

Durante la pasada Cumbre de las Américas, en Los Ángeles, el presidente argentino, Alberto Fernández, había afirmado: “Señalo la urgente necesidad de reconstruir la OEA, si quiere ser respetada debe ser reestructurada removiendo de inmediato a quienes la conducen”.

Washington asistirá enviando a Christopher Dodd, enviado especial del presidente Biden para América Latina y uno de los políticos estadounidenses que más se ha esforzado por conocer la región. Pero, más allá de la capacidad de diálogo de Dodd, al Imperio siempre se le salen los propósitos profundos hacia su traspatio. Una declaración reciente de la jefa del Comando Sur, Laura Richardson, reafirma las claves de la mirada estadounidense hacia Latinoamérica y el Caribe.

La jefa militar explicó esta semana en conversación con el think tank Atlantic Council por qué a Washington realmente le importa Latinoamérica. “¿Por qué es importante esta región? Con todos sus ricos recursos y elementos de tierras raras, tienes el triángulo de litio, que hoy en día es necesario para la tecnología. El 60% del litio del mundo está en el triángulo de litio: Argentina, Bolivia, Chile”, indicó Richardson.

Según la oficial, otra razón importante es la concentración de “las reservas de petróleo más grandes”, incluidas las de “crudo ligero y dulce descubierto frente a Guyana hace más de un año”.

“Tienes los recursos de Venezuela también, con petróleo, cobre, oro”, continuó la general, destacando además la importancia del Amazonas, “los pulmones del mundo”. Por otro lado, “tenemos el 31% del agua dulce del mundo en esta región”, agregó, concluyendo que a EE.UU. le queda “mucho por hacer” y que “esta región importa”.

“Tiene mucho que ver con la seguridad nacional y tenemos que empezar nuestro juego”, puntualizó la alta oficial estadounidense, recordando un poco los propósitos de «América para los americanos» que se planteó la doctrina Monroe, de cuya formulación política se cumplen dos siglos este año.

¿Bolívar o Monroe? Esa sigue siendo la disyuntiva para los pueblos de Nuestra América. Frente a los planteos hegemónicos del vecino del norte y los desafíos económicos, ambientales y geopolíticos mundiales, solo andar en «marcha unida» y «cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes», a decir de Martí, es el destino irremediable de los pueblos del sur del Río Bravo a la Patagonia.

La Celac es un mecanismo que apuesta por un mayor grado de concertación política frente a los desafíos que impone el escenario actual de profunda crisis económica. Fomenta la paz, la estabilidad y el derecho de todo Estado a construir su propio sistema político, libre de amenazas, agresiones y medidas coercitivas unilaterales, desde una perspectiva coordinada en el concierto de las Naciones Unidas.

Se han realizado seis cumbres de jefes de Estado y de Gobierno: I Cumbre, Chile, enero de 2013; II Cumbre, La Habana, enero de 2014; III Cumbre, Costa Rica, enero de 2015; IV Cumbre, Ecuador, enero de 2016; V Cumbre, República Dominicana, enero de 2017, y VI Cumbre, México, septiembre de 2021.

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