#Elecciones intermedias en #USA: Ni nos va, ni nos viene

El próximo día 8 tendrán lugar las denominadas elecciones intermedias o de medio término en Estados Unidos, en consideración que se realiza en la mitad del mandato presidencial y puede llegar a ser un barómetro de aceptación o rechazo a la política del mandatario de turno.

En la inmensa mayoría de los casos, por no decir todos, prima la valoración interna, por aquello que, generalmente, el votante en esa nación piensa más en su bolsillo, sus propios intereses, dejando a un lado los factores que el establishment gobernante promueva en la política exterior, en la que predominan cuestiones adversas para otros pueblos.

Si se mantiene la tendencia de las elecciones a medio término de los tiempos más recientes, la oposición, el Partido Republicano, lograría la ventaja en ambas cámaras legislativas, hoy de mayoría demócrata. 

Siempre se dice que los demócratas son entes más progresistas que los republicanos, aunque el término mejor sería menos malo, porque son muchos los intereses creados, que manejan con el lobi$mo a cualquier legislador en función de tal o mas cual empresa.

En todo esto no hay que olvidar la función que juegan los medios, que tienen mucho que ver con aquello de a quien se le echa la culpa de la barrabasada realizada por el actual gobierno de Biden, por ejemplo, en Afganistán, con una retirada desordenada, cuando ello había sido pactado por el anterior régimen de Trump.

De todas maneras, existía un plan de finalizar la fracasada y genocida agresión de 20 años para concentrarse en acciones similares en la misma región centroasiática, dejando en el lugar a su creación del Estado Islámico (Daesh), con atentados terroristas y suicidas a mezquitas, escuelas, hospitales y mercados, con el fin de que la nación no se recupere hacer fracasar al gobierno de los victoriosos talibanes.

La inoperancia, debilidad, cinismo e hipocresía de la actual administración demócrata también se refleja en el caso de Cuba, acerca de lo cual incumplió promesas realizadas en tres ocasiones de que aliviaría el bloqueo de más de seis décadas, al eliminar las medidas para fortalecerlo decretadas por Trump para complacer a sus parciales gusaneriles de Florida.

Aunque queda mucho en el tintero, los dos ejemplos anteriores muestran que “lo mismo da chicha que limoná”, porque la poca honestidad de los gobernantes estadounidenses ya ha sido ahogada desde hace tiempo, con una política prepotente que mantiene en vilo a la humanidad.

De todas maneras, lo que ocurre con las elecciones estadunidenses en cualquiera de sus etapas siempre llama la atención, y más cuando los medios internacionales difunden a diestra y siniestra los pormenores del evento, sean simples o complejos, invocando una libertad de opinión y neutralidad inexistentes, porque responden al mejor postor.

Aunque los comicios deben ser el 8, ya hay estados en que se está realizando en forma anticipada, que el sábado ascendía 30 millones de votantes para elegir el próximo martes a los gobernadores de 36 estados, los 435 escaños de la Cámara de Representantes, cuyos miembros se postulan cada dos años, y 35 del Senado de 100 miembros, cuyos mandatos son de seis años. 

No se trata de un proceso menor: de los resultados dependen en gran medida los últimos dos años del gobierno de Biden, las iniciativas y desafíos de la última etapa de su mandato, además de que sentarán las bases para las presidenciales del 2024.

Oficialmente, los partidos que participan de la elección son varios, pero la batalla real en Estados Unidos se define entre los dos grandes partidos: el Republicano y el Demócrata. Esto se debe a que el sistema electoral otorga la banca al partido que más votos obtiene, a diferencia de varios países en donde sistemas proporcionales otorgan representación parlamentaria a partidos minoritarios.
Entre los 36 estados que elegirán gobernadores el próximo noviembre, figuran cinco (Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Georgia y Arizona) que pasaron de manos republicanas a manos demócratas en el 2020.

En Georgia, por ejemplo, Herschel Walker, republicano apoyado por el expresidente Donald Trump, competirá con Raphael Wernicke por un puesto en el Senado. El demócrata es un reverendo que se reunió con Fidel, cuando este visitó EE. UU. en 1995. Además, tiene un largo expediente de apoyo a políticas de izquierda, lo cual es utilizado por la ultraderecha para tratar de desprestigiarlo con la habitual campaña de calumnias.

Esta elección podría ser la antesala de una revancha electoral entre Trump y Biden de cara al 2024, por lo que los principales temas de ahora probablemente lo sigan siendo cuando los estadounidenses elijan a su próximo presidente, en dos años.

La decisión de la Corte Suprema de EE.UU. en junio pasado de eliminar el derecho federal a acceder a un aborto y otorgar esa potestad a cada estado ha sido uno de los ejes de los candidatos demócratas. Prometiendo la defensa de ese derecho, su expansión o incluso la promulgación de una ley en el Congreso, muchos se han esperanzado con la posibilidad de ganar a votantes indecisos e independientes.

Mientras tanto, los republicanos se volcaron a explotar las preocupaciones de los votantes sobre la economía, especialmente debido a la inflación —que aún se ubica como el tema principal en la mayoría de las encuestas—; y sobre el crimen, para generar una reacción violenta contra los demócratas en todos los niveles.

Y, repito, tienen la historia a su favor: en los últimos 150 años, el partido que ocupa la Casa Blanca ha perdido bancas en el Congreso en todas las elecciones, con la excepción de cuatro. Además, el índice de aprobación de Biden es del 41%, contra un 54% de desaprobación, según la más reciente encuesta realizada por Cable News Network, que rastrea el promedio de otros sondeos.

Parecía que los demócratas iban a revertir la tendencia de las elecciones de este tipo en general, y más cuando lograron alguna ventaja, debido a éxitos de la actual administración en el combate al coronavirus, muy descuidado en el mandato de Trump; intentos oficiales para disminuir la discriminación racial, perdonar la deuda  de la mitad de los estudiantes universitarios y humanizar en lo posible la vida de decenas de miles de personas que tienen que vivir en refugios o están abandonadas en las calles, algo inherente al sistema explotador.

En los momentos de escribir estas líneas, el Partido Demócrata sólo tiene 2% de ventaja sobre el Republicano, y el índice de aprobación de Biden sigue cayendo.
La situación es tal que dos denominados pesos pesados de la política norteamericana, el expresidente demócrata Barack Obama y el senador Bernie Sanders se han sumado a la campaña a favor del Partido Demócrata.

Obama pidió el voto de los residentes de Pensilvania, donde, dijo, “tienes que tomar algunas decisiones importantes … ahora que el destino de nuestra democracia y el derecho de la mujer están en juego”. Además, estuvo también en Georgia y Michigan.

Sanders (Vermont), quien es independiente, pero vota en el Congreso con los demócratas, estuvo de gira en Oregón, California, Nevada, Texas, Wisconsin, Michigan y Pensilvania.

Es uno de los políticos de mayor popularidad en el país. El 94% de la población ha oído hablar de él, además de tener un 46% de aceptación, que es mayor (54%) entre los votantes más jóvenes, según datos de Yugo.

Sanders, quien es presidente del Comité de Presupuesto en el Senado, ha advertido a los demócratas que deben enfocar su mensaje en la economía, más que en el aborto.

El 80% de los votantes latinos, por ejemplo, han destacado que la inflación y el costo de la vida es su principal preocupación y elemento decisivo para la elección de este martes.

Cierto que los republicanos tienen bien ganada fama de ser más reaccionarios que los demócratas, pero ambas partes, pese a la condena del resto del mundo, mantienen un férreo bloqueo a Cuba en aras de unos derechos humanos que el propio Imperio pisotea. 

De ahí que los cubanos mantengan siempre la guardia en alto, independientemente de unos resultados electorales que, como se ha demostrado hasta ahora, ni nos va, ni nos viene.

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