Desinformación sin freno o el engaño en las #RedesSociales

#EEUU #Internet

Consultoras internacionales previeron que en 2022 se consumirían más contenidos informativos falsos que verdaderos, y así lo confirman las noticias, los escándalos y la peligrosa realidad en las redes sociales

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Las medias verdades, los mensajes tergiversados o, directamente, la falsedad, crecen sobre terreno abonado cada minuto. Foto: Ilustración: compromiso.atresmeida.com

A las puertas de las elecciones de medio término en Estados Unidos, la proliferación de redes sociales alternativas en internet, creadas por personajes poderosos de la extrema derecha, como el expresidente Donald Trump, ha ayudado a afianzar la información falsa y engañosa como elemento clave de la política estadounidense, tanto en lo doméstico como en su proyección hegemónica hacia el exterior.

Con un artículo titulado La desinformación se fragmentó y diluyó. Ahora es difícil combatirla, The New York Times alertó recientemente de la imparable tendencia a mentir –en nombre de la libertad de expresión– lo mismo en Facebook que en Twitter, o en las recién aparecidas, de corte conservador, Parler, Gab, Truth Social, Gettr y Rumble, a las que se han unido alrededor de 70 millones de personas en EE. UU.

Afirmó el diario estadounidense que, no hace mucho, la lucha contra la desinformación se centraba en las principales plataformas de redes sociales, como Facebook y Twitter, las cuales, cuando se les presionaba, solían eliminar los contenidos problemáticos, incluida la información errónea y la desinformación intencionada sobre la pandemia de la COVID-19. Sin embargo, ahora hay decenas de plataformas nuevas, incluidas algunas que se enorgullecen de no moderar o censurar las declaraciones falsas en nombre de la «libertad de expresión».

Estudiosos del fenómeno en ee. uu. aseguran que el discurso político se ha radicalizado por la difusión de las personas que propagan desinformación, al tiempo que el lenguaje y los ecosistemas en línea se están volviendo cada vez más corrosivos, y los proveedores de desinformación también se han vuelto más sofisticados a la hora de eludir las normas de las principales plataformas, mientras que el uso del video para difundir afirmaciones falsas en YouTube o Instagram ha hecho que los sistemas automatizados tengan más dificultades para identificarlos que a los mensajes de texto.

Afirman que esos cambios en el paisaje de la desinformación se están haciendo más evidentes con el ciclo electoral en Estados Unidos, con ejemplos palpables en las campañas de 2016 y 2020, con el detonante del asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021, cuando las afirmaciones sin sustento del expresidente Donald J. Trump, de un fraude electoral, latieron en la opinión pública, a pesar de su expulsión de plataformas como Facebook y Twitter. La afirmación infundada de Trump pululó en la conciencia pública. Saltó de su aplicación (Truth Social) a otras plataformas de redes sociales, por no hablar de podcast, la radio y la televisión.

«La difusión de la afirmación de Trump ilustra cómo la desinformación ha hecho metástasis desde que los expertos comenzaron a sonar la alarma sobre la amenaza que supone, y todo esto ocurre justo antes de las elecciones de mitad de mandato de este año. A pesar de los años de esfuerzos de los medios de comunicación, de los académicos, e incluso de las propias empresas de redes sociales para hacer frente al problema, se puede decir que hoy día está más generalizado y extendido», sostuvo The New York Times.

Concluyeron los expertos que las olas de desinformación de las dos últimas campañas electorales han profundizado las divisiones sociales y políticas de EE. UU., mientras el protagonismo del engaño y la mentira ha sembrado la desconfianza en casi todas las fuentes, por ser instrumentos de la manipulación.

RÉPLICAS DEL SISMO EN BRASIL

Las autoridades brasileñas, que se enfrentaron a un torrente de desinformación en las redes en los días previos a los comicios presidenciales del 30 de octubre, concedieron al Jefe de Elecciones de la nación el poder unilateral para ordenar a las empresas tecnológicas que retiraran mensajes y videos de la red para combatir la información falsa.

En virtud de las normas aprobadas, el directivo podía ordenar la remoción inmediata de los contenidos que considerara que violaban las órdenes de retirada anteriores. Las redes sociales debieron cumplir esas exigencias en un plazo de dos horas, o se enfrentaban a la posible suspensión de sus servicios en Brasil. La medida fue la culminación de una estrategia cada vez más enérgica por parte de las autoridades electorales para reprimir los ataques divisivos, engañosos y falsos que inundaron la carrera presidencial del país.

Aseguran los medios que la decisión provocó indignación entre los partidarios del presidente de derecha, Jair Bolsonaro, aliado y seguidor de las prácticas de Trump, y aplaudida por muchos en Brasil, que la consideraron como una herramienta necesaria para combatir una avalancha de denuncias falsas de los partidarios de Bolsonaro, que no hizo más que ganar velocidad en los días previos al balotaje.

Las nuevas reglas fueron aprobadas por unanimidad por los siete jueces federales que integran el tribunal electoral de Brasil. Según se plantea, las denuncias por desinformación aumentaron casi 17 veces en comparación con las elecciones pasadas.

«Ha habido una proliferación no solamente de noticias falsas, sino de la agresividad de estas noticias, de este discurso de odio, que todos sabemos que no conduce a nada más que a una erosión de la democracia», denunció Alexandre de Moraes, juez del Tribunal Supremo de Brasil, y encargado de implementar la decisión.

Verdaderamente, la desinformación ha hecho metástasis, y no solo en Estados Unidos o Brasil corroe sus sistemas políticos, sino que su efecto multiplicador se agrava en un contexto de polarización en el cual las medias verdades, los mensajes tergiversados o, directamente, la falsedad, crecen sobre terreno abonado cada minuto.

La consultora Gartner anunciaba, en un informe hace cinco años, que en 2022 se consumirían más contenidos informativos falsos que verdaderos, y así lo confirman las noticias, los escándalos y la peligrosa realidad de que las redes sociales, a las que están conectadas 4 700 millones de personas en el planeta, permiten la difusión, a gran escala y a un ritmo vertiginoso, de noticias falsas.

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