MIAMI, ENTRE LA CHUSMERÍA Y EL ODIO

Lazaro Fariñas

MIAMI, ENTRE LA CHUSMERÍA Y EL ODIO Azuzados desde el exterior, y como parte de un plan muy perverso, cientos, quizás miles de cubanos salieron a las calles cubanas a protestar el domingo pasado. Algunos lo hicieron genuinamente empujados por las necesidades por las cuales está atravesando el país: los apagones, la escasez de alimentos, los encierros domiciliarios, y las restricciones de movimientos por culpa de la maldita pandemia, etc. Otros salieron con propósitos más siniestros, y a destrozar todo lo que se encontraran por delante, a crear el caos, a asaltar comercios y robar descaradamente la mercancía, a volcar carros, a tirar botellas incendiarias, en otras palabras, a destruir. Indiscutiblemente, se vieron escenas muy pocas veces vistas en Cuba, donde la tranquilidad ciudadana es lo común y normal. Realmente, fue algo muy triste lo que vimos pasar en nuestra patria y esperamos que, identificados los instigadores, no se vuelva a repetir.

Los sucesos en Cuba fueron el detonar para que los anticubanos anexionistas de Miami se alzaran, una vez más, en diferentes frentes de la ciudad, frentes que, como siempre, tienen su comandancia general en la cafetería Versalles de la Calle Ocho. Es allí donde se libran las mayores payasadas combativas. La verdad es que en los sesenta años que llevo viviendo en Miami, nunca he visto una chusmería mayor que la que he visto en estos días en esas demostraciones. Tampoco he visto tanto odio concentrado. Odios había de primera generación, pero mayormente, de segunda o tercera generación. Odios ancestrales, odios recientes y la mayor parte de ellos, odios heredados.

Ha sido y sigue siendo un espectáculo que lo lleva a uno retomar consciencia de la profunda campaña que rige los medios de esta ciudad, y a avergonzarse de que sean compatriotas de uno los que estén llevando a cabo dichos actos. Mujeres gritando malas palabras a ritmo de conga, elementos descalificados vociferando a toda voz pidiendo una intervención militar en Cuba, adolescentes y jóvenes roncos de tanto gritar improperios contra Cuba, personas de la tercera edad con lágrimas en los ojos maldiciendo al gobierno cubano, etc. Da asco, vergüenza y pena lo que ha estado pasando en Miami, ver a personas que nacieron en Cuba o descendientes de estos pidiendo una intervención militar norteamericana. Dicen que no hay peor astilla que la del mismo palo, bueno, en Miami, la ciudad del odio, está el mejor ejemplo.

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