De #Cuba: Sacerdotes vestidos de blanco

Publicado por Alma

Puede ver el relato original al final de la entrevista de la autora del artículo. Es la viva estampa del humanismo que caracteriza a nuestros médicos, a nuestro sistema de salud, a los cubanos.

La consigna “Yo Soy Fidel” que gritó nuestro pueblo cuando falleció nuestro querido líder se hace realidad en actitudes como ésta, actitudes cotidianas que también materializan el concepto de Revolución. Fidel se perpetúa en ellas.

Alma

El médico cubano Eduardo Andrés González León, protagonista de un conmovedor relato (Foto: Facebook)

El médico cubano Eduardo Andrés González León, protagonista de un conmovedor relato (Foto: Facebook)

Por Dunnia Castillo Galán/Cubahora

  • Colaboración médica cubana en cifras:
  • Más de 50 mil colaboradores cubanos prestan servicio actualmente en 67 países, de los cuales se trabaja en 32 mediante el Programa Integral de Salud.
  • Del total de profesionales sanitarios, más de 25 mil son médicos y la cooperación incluye la Operación Milagro, la brigada Henry Reeve, el Programa Más Médicos en Brasil y la Misión Barrio Adentro en Venezuela.

Revisando Facebook llegó su historia a mis manos. La había compartido un amigo invitándonos a leer, lo que aseguraba, le había sacado varias lágrimas. Emotiva y seductora se dibujaron las primeras líneas que enseguida captaron mi atención, obligándome a pinchar la opción de leer más y acceder a todo el documento.

Lleno de carga emocional, el doctor Eduardo Andrés González León, médico cubano que cumple misión en África, cuenta en su perfil en la red una de sus vivencias junto a “un pequeño príncipe negro” que le rogaba atender con urgencia a su madre, una mujer de 38 años desnutrida, víctima de tuberculosis y sida, con una deshidratación severa y en shock hipovolémico.

Inmediatamente, nos comunicamos con el especialista, quien desde hace 5 meses es parte de la Misión Cubana en Suazilandia, pequeño estado soberano sin salida al mar situado en África entre Sudáfrica y Mozambique. Con mucha amabilidad recibió el doctor Eduardo nuestra petición para realizarle una entrevista sobre su estancia en este territorio, por lo que ahora compartimos con los lectores de Cubahora, el resultado de una larga y amena conversación.

—¿Quién es Eduardo Andrés González León?

—Bueno, Eduardo Andrés es un Médico General Integral que comenzó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Médicas Dr. Faustino Pérez Hernández, de la provincia de Sancti Spíritus. Procedo de una familia humilde de Bayamo. Casi todos en mi familia, de una forma u otra, han tenido que ver con la salud pública, exceptuando a mi abuela, que es maestra por vocación, y mi madre que es periodista, hoy día retirada. Quizás se deba a ello mi pasión por escribir

—¿Cómo llegas a la brigada cubana en Suazilandia?

—Verdaderamente es una historia triste. El hermano de una doctora colega nuestra, quien era mi amigo además, sufrió un accidente automovilístico en la carretera de Topes de Collantes, en Trinidad. Yo, casualmente, estaba de guardia ese día en el hospital. Pese a todos los intentos por parte del equipo para salvarle la vida, fue un fracaso y su deceso fue en el salón de operaciones, cinco horas después de su llegada a emergencias.

“Su hermana, la doctora Iyovis, era quien se encontraba en esta misión, pero dadas las responsabilidades que ella debió asumir por el hecho, tuvo que pedir el fin de la misma y como era una misión de habla inglesa y era conocido mi tercer nivel en el idioma, el municipio me puso a disposición para que yo fuera el relevo de ella. Así paso a formar parte de la Brigada Médica Cubana en Suazilandia”.

—¿Cómo es la vida de un cooperante en un país considerado como el menos saludable del mundo y con una cultura completamente diferente a la cubana?

—Qué te puedo decir. Primero, es agobiante llegar acá porque son casi tres días de aeropuerto en aeropuerto y, como se sabe, con los pocos recursos económicos con los que contamos, pero siempre con el corazón en la mano. Después, es muy difícil adaptarse a la altura. Luego le sigue la inversión de las estaciones del año, cuando en Cuba es verano aquí es invierno y viceversa. Seguido, el huso horario, son siete horas de diferencias. Todo es bien complicado: la alimentación, la cultura, el idioma.

“Al principio casi siempre enfermamos con el síndrome del viajero. Es el tiempo en el que nuestro organismo esta adaptándose y cambia todo su metabolismo. Hay crisis hipertensivas, cefalea intensa, diarreas, irritabilidad por la falta de sueño; pero los cubanos somos guerreros por naturaleza y terminamos adaptándonos en un mes, o dos a lo sumo. Lo bueno es que nosotros tenemos una preparación muy exquisita. Es cierto que hay mucha insalubridad, pero nuestro gobierno garantiza todas las medidas preventivas necesarias, desde la vacunación hasta los avituallamientos para caso de catástrofe.

”Además, muchas personas piensan que nosotros aquí ganamos un dineral y no es así. Nuestro ritmo de vida es igual que en Cuba, ahorro y más ahorro. Aquí se come huevo igual que allá; contamos las libras de arroz y los pedacitos de carne para la comida. Ahorramos en verano para tener calefacción en invierno y todo eso, para poder llevar algunas cositas. Realmente nosotros aquí vivimos con las necesidades básicas y ahorramos hasta la corriente, pero decir cubano, es decir hermano de lucha y sufrimiento”.

—¿Cuál consideras el más lindo recuerdo de tu estancia en este territorio?

—Es difícil tener un recuerdo lindo en un país donde hay tanta calamidad, pero hubo un día que fuimos a una comunidad nativa y nos dieron una explicación de su cultura que me gustó. Ellos son muy conservadores de ella, es una pena que tengan tan poco apoyo gubernamental. Fue muy bonito para mí, porque lo tomé como una especie de safari.

—¿Y el más triste?

—He tenido experiencias muy duras acá, muy similar a cuando estuve en la hermana República Bolivariana de Venezuela, pero el más triste de todos, aunque fue un éxito médico de mi parte, fue la historia que publiqué en Facebook. La verdad es que me dolió mucho ver al niño que acompañaba a su madre y veía en mí a su salvador. Yo no podía defraudar a ese niño que había puesto todas sus esperanzas en mis manos.

“Como dije en Facebook, ese día lloró mi alma sin consuelo por África. Hice lo mejor que pude hacer por lograr un mundo mejor. Este es mi legado, este es mi grano de arena para esta gran humanidad que ha dicho basta y ha echado a andar. Pero seguiré llorando hasta que mis lágrimas hagan un mar de cosas buenas en donde pueda ahogar la maldad de aquellos que no tienen corazón.

”Ese día vine conmocionado para la casa, aunque tranquilo porque sabía que mi paciente ya estaba entonces en manos del doctor Marlon, el clínico que trabaja en la sala de medicina, cubano y tunero además. Me quedé mirando el techo de la cama y me dije: carajo estas cosas tiene que saberla el mundo. Entonces me levanté y realicé mi publicación.

”Otro hecho muy triste e impactante es ver como otros médicos, nacionales y extranjeros, le dan poco valor a la vida de estas personas. En una ocasión, hace unos meses, tuve una señora que me la refieren como una crisis de asma, pero cuando yo veo el tratamiento y las condiciones clínicas, me doy cuenta que no era asma sino un edema agudo de pulmón. Estoy acostumbrado en Cuba a que demos la alarma ante un caso de urgencia médica y todo el personal de salud se ponga en función de ello, pero aquí no es así. Aquí estamos solos con la voluntad de las enfermeras. Todos los procederes tenemos que hacerlo nosotros y se pierde mucho tiempo. Todos sabemos que en cuestión de medicina cada segundo es oro. La mujer falleció ante mí dejando dos criaturas huérfanas por la negligencia de no tener personal suficientemente capacitado y la espera que tuvo que hacer en la cola, ahogándose antes de llegar donde yo estaba. Porque aquí no hay prioridad. Es triste, pero es la realidad”.

—¿Cómo se siente el doctor Eduardo con la cantidad de reacciones que ha generado en las redes su relato sobre ese niño que angustiado le pidió calmar el dolor de su madre? ¿En algún momento pensó que su historia conmovería a tantos usuarios?

—No, nunca pensé tal reacción por parte de los usuarios de las redes. Aún estoy en shock, pero eso me dio fuerzas para seguir adelante, porque como dijo Fidel, ahora sí creo en la buena voluntad de los hombres y el mejoramiento humano. Otro mundo mejor sí es posible.

—¿Qué mensaje le envías a las nuevas generaciones de médicos y a los que se están formando, en una era en la que muchos valoran las retribuciones y las posibilidades económicas, por encima del placer espiritual de sentirse útil?

—Primero, les aconsejo que antes de escoger la carrera lean los consejos que Asclepio, dios de la medicina, da a su hijo cuando quiere seguir sus pasos y comienza así: “¿Estás seguro hijo mío que quieres ser médico?”. Después de esto, hay que hacerse una autoevaluación, porque ser médico es ser un sacerdote vestido de blanco, y nuestra cruz es un esteto en la mano.

Recuerden siempre que seremos testigos de los secretos más íntimos de una persona; que ellos verán en nosotros a su salvador en cualquier circunstancia; que nosotros seremos ese halo de esperanza; que no debemos por ninguna razón matar la fe que los pacientes depositen en nosotros; y que la salud y el ser humano no tiene precio. Con el tiempo se darán cuenta que la mayor recompensa es haber salvado una vida o aliviado un mal.

Relato Original de Eduardo Andrés González León (tomado por Alma de Facebook):

Hoy me rompió el corazón el ver entrar a un niño de unos nueve años aproximadamente, con un medicamento en inyección en sus manitas : y me dice doctor póngale la medicina a mi mamá que tiene mucho dolor por favor y la cola es muy grande…Sus ojos estaban llenos de lágrimas…Dogotela, please me hablaba entre inglés y su dialecto… que mi gogo (mamá) tiene mucho dolor… Sus manos temblaban, su voz era quebradiza…Yo me pare de mi consulta como un resorte y salí afuera, el niño me tomó de mis manos y me llevó donde su gogo estaba sentada en una silla de ruedas apenas sin poder hablar, una mujer de 38 años desnutrida, víctima de la Tuberculosis y el SIDA, con una deshidratación severa, en shock hipovolémico ; solo le alcanzaba escuchar su gemido casi sin fuerzas del dolor que le retorcía sus huesos….Yo la llevé a mi consulta con mis manos en su vieja silla de ruedas…Me rompía el alma ver la preocupación de su pequeño hlumphana (hijo ) que me miraba viendo en mí el Salvador de su gogo…No teníamos necesidad de hablar ningún idioma ese niño y yo….Un vínculo emocional se estableció entre nosotros, que yo de mirarle a sus tiernos ojos con sus pies descalzos y su pobre ropa podía entenderle lo que el hlumphana (niño) me decía, fue mágico para mí…Era como si la voluntad mía de querer salvar aquella mujer me hubiera desinhibido al punto de inconscientemente entender su idioma del dialecto Zasuate..Yo no podía contener mis lágrimas mientras preparaba la inyección para aliviar el dolor de la gogo del hulumphana….Entra una enfermera apurada con paso rápido pues el hospital hoy estaba colapsado…Y me pregunta …..Doctor are you crying?(doctor estás llorando?) Le dije…. no ..es el cambio de tiempo..Tengo alergias…Mientras en mi interior me decía a mi mismo…Lloro sí que lloro..Y llora mi alma sin consuelo por África…Esto es lo mejor que puedo hacer por lograr un mundo mejor , este es mi legado, este es mi grano de arena para esta gran humanidad que ha dicho Basta y ha echado a andar…Pero seguiré llorando hasta que mis lágrimas hagan un mar de cosas buenas en donde pueda ahogar la maldad de aquellos que no tienen corazón……Luego de canalizar una vena central central de la gogo del Niño que no se separaba un instante de su madre…Solo el niño salió para comprarle a su madre un paquete de maní…Y me preguntó que si podía comer su gogo que llevaba días sin comer…Yo violando todo protocolo no me pude negar….Cuando la señora estuvo estable, procedí a su ingreso en el centro de salud….Y hoy dormiré tranquilo sabiendo que la gogo de aquel pequeño y valiente hulumphana vivirá un tiempo más al lado de quién tanto la ama…Su pequeño príncipe negro.

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