Si somos capaces de salvar la Internet, quizá podamos salvar el planeta

Publicado por Alma

Por Anita Gurumurthy/La Pupila Insomne

Anita Gurumurthy, de la organización IT for Change que promueve un Foro Social Mundial de Internet, hizo el mejor discurso en la inauguración del Foro Global de Internet que sesiona hasta este 9 de diciembre en Guadalajara. Hablamos con Anita, quien accedió gustosa, para pedirle su intervención y Juan Fernández la ha traducido para La pupila insomne

Respetados colegas y queridos amigos,

La mayoría de nosotros que regresa al Foro de Gobernanza de Internet (FGI), año tras año, compartimos un sueño, el sueño de que la internet – como una venerada innovación- pueda hacer posible una sociedad que sea libre e igualitaria.

Con diez FGI detrás de nosotros, necesitamos preguntarnos que tan bien lo hemos hecho. Tomemos el acceso. Más del 40% de los 7.5 mil millones de personas en este planeta están conectados. Sin embargo, nos han dicho que el crecimiento de la conectividad se está ralentizando.

Pero esto puede no ser causa de preocupación. De todos modos la red llegará hasta la última mujer. No importa si es de forma rudimentaria y de pobre calidad; no importa si es de *zero rating*. Pronto estará sobre nosotros un ambiente computacional en red, global, inmersivo e invisible, construido a través de las maravillas de la nube, centros de datos masivos y la proliferación de todo inteligente. Para el 2025, el mundo estará conectado.

Mi contribución, al comenzar nuestras deliberaciones en este FGI sobre el crecimiento inclusivo y sostenible es que desde el 2005, cuando la Agenda de Túnez nos dio el mandato del FGI, hemos sidos atrapados en el problema de los arboles y el bosque. Mientras nos hemos concentrado en la libertad en línea, y ocupado en brindar acceso a todos, un objetivo solapado nos ha atrapado. El planeta ha sido anexado por una red de vigilancia totalitaria, abarcando rápidamente a la sociedad y a la socialización.

La falta de libertades de la internet no se refieren sólo a la exclusión, sino al despotismo de una incansable red que nos esclaviza como sujetos de un mundo convertido en datos. Había una época en que aquellos que podían manipular los medios manipulaban las elecciones; ahora los algoritmos se están apoderando de los procesos electorales y de los medios.

Bienvenidos a la post-verdad en el planeta post-humano.

El problema primordial ante nosotros no es el problema de confianza tal como nos dicen en cada informe sobre internet, sino la avaricia. En el capitalismo digital, es más barato darle a la gente acceso que dejarlas tranquilas. Así que mientras observamos al margen, la Internet se está convirtiendo en un rapaz instrumento de captura. Es la base del individualismo en red, el motor de una sociedad consumista, donde la carrera por la ¨big data¨ nos coacciona como esclavos voluntarios de ilimitadas baratijas.

A partir de una internet predatorial, el camino cuesta abajo sólo es el de una sociedad que se auto-canibaliza.

El Segundo problema es que hemos renunciado a la oportunidad que la revolución digital nos proporcionó de construir una tecnología de la memoria que puede cambiar radicalmente la estructura de poder de la sociedad. La historia de todas las civilizaciones es sobre su tecnología para recordar. A medida que la memoria y cognición social se centralizan cada vez más a través de bases de datos y algoritmos de espionaje corporativo y de los estados, vemos una crisis de enajenación extrema y una desigualdad sin precedentes.

Un mundo que está plenamente interconectado – tal como están las cosas – no puede ser ni sostenible ni inclusivo. El año 2025 es poco probable que sea sin razas, sin géneros, sin clases o sin castas.

Esto nos lleva al tercer problema – el fenómeno digital está invariablemente caracterizado como post-político; como una fuerza autónoma a la que es mejor dejar sola, impoluta de la intención humana. Pero la inclusión presupone el imperio de la ley. Como la Internet redefine las instituciones global y localmente, ello disloca las fronteras de la jurisprudencia existente. Para aprobar la prueba de igualdad e inclusión, las estructuras de datos en red que se sobreponen a todas las instituciones requieren una nueva filosofía y ciencia de la jurisprudencia y la justicia.

La parálisis actual de la gobernanza global de Internet es insostenible.

A medida que la red global encuentra su camino hacia la realidad, aumentándola a través de código empotrado y control remoto, ocurre una gran pérdida de la autonomía local. La lógica de la Internet es inherentemente irreverente de las jurisdicciones territoriales.

Entonces, ¿Quién debe desarrollar los estándares para esos temas de políticas públicas globales? La ausencia de una plataforma internacional democrática para abordar el interés público en tiempos de la tiranía algorítmica refleja una monumental crisis de gobernanza. Una plataforma, lanzada por las seis principales corporaciones digitales, denominada *Asociación con la Inteligencia Artificial (IA) – para el beneficio de la gente y la sociedad*, está lista para formular las buenas prácticas en la tecnología de IA. Los estándares industriales tienen, en efecto, un rol que jugar. Pero una Internet que empodere al individuo, que enriquezca al colectivo y que sea ecológicamente reparadora sólo es posible a través de un imperio de la ley democrático que pueda garantizar los mecanismos de rendición de cuentas, en una gobernanza global.

Es hora de que nos movamos en esa dirección, de forjar una alianza digital global.

El espacio de diálogo del FGI, es en efecto una sede única para la deliberación pública. Pero para complementar al FGI, necesitamos un proceso político robusto para desarrollar normas y políticas  globales para la Internet, tal como exige la Agenda de Túnez.

La tarea de la Sociedad civil está formulada. A menos que los movimientos sociales logren unirse para reimaginar una Internet alternativa, una que promueva universos diversos, otra Internet no será posible.

Nuestra sabiduría está siendo colonizada. Es hora para una nueva política de gobernanza de Internet.

A riesgo de sonar tecno-determinista, yo quisiera decirles a todos ustedes, si somos capaces de salvar la Internet, quizá podamos salvar el planeta.

Ahora, tornemos hacia nuestro vecino y comencemos una conversación; ¿Sabrán que aquí reside una pregunta? ¿Comprenderán el imperativo del ahora o nunca?

Amigos, antes que diga gracias, quisiera brindar mi voz en apoyo a la declaración emitida durante el FGI por mis colegas de la sociedad civil mexicana, sobre sus preocupaciones sobre los derechos humanos. La Internet, creo, debe ser protegida como un bastión de democracia. No puede convertirse en un instrumento que socave a los derechos humanos.

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